Convocatoria: julio

De Stendhal se dice que escribió La cartuja de Parma (1839) en cincuenta y tres días. Alrededor de quinientas páginas en nada más que mes y medio, en el transcurso de sus casi diez años de exilio en Italia. En una carta a Francine Faure, un joven Camus ya instalado en París, desde un hotelito de Montmartre, cuenta que acaba de terminar su novela y está demasiado nervioso como para dormir. “No he escrito nunca con tanta continuidad ni tanta felicidad. Es lo único por encima de mí, y creo que se lo perdonaré todo a París por haberme permitido vivir totalmente enclaustrado en lo que estaba escribiendo”. Le había tomado dos meses finiquitar El extranjero (1942), su primera novela a los veintinueve años. Ahora, si de vidas enclaustradas hablamos, quizá debamos mencionar a Proust. Aislado en su cama por paredes de corcho, a diferencia de Stendhal o Camus, dedicó quince años de su vida –los últimos y enfermo– a escribir los siete tomos de En busca del tiempo perdido. Tal fue la demora que La prisioneraLa fugitiva y El tiempo recobrado, los últimos tres tomos de la serie vieron la luz consecutivamente después de que Marcel falleciera. Pero nos hemos embelesado con los franceses. Desplacémonos hacia otras geografías. Ednodio Quintero, el gran narrador y japonólogo venezolano publica aproximadamente un libro por año, cuando no cada dos o cada tres, al menos esa ha sido su tendencia. En cambio, el argentino César Aira, como consecuencia –según él mismo argumenta– de su febril procedimiento, es capaz de escribir y publicar tres o cuatro libros en un mismo año. Y si se trata de reediciones de sus libros anteriores, la cifra se puede fácilmente duplicar. A Aira lo suelen tildar de prolífico. ¿Cómo tildaríamos entonces a María del Socorro Tellado López, conocida como Corín Tellado, que en alrededor de sesenta años escribió y publicó unas cinco mil novelas, cincuenta veces la producción de Balzac, cincuenta y algo de veces la producción de Aira? Se sabe: ni la velocidad ni la hiperproducción aseguran la calidad. Entonces, ¿qué la asegura? ¿El azar? ¿El talento? ¿El ejercicio de concentración continuada? ¿La obstinación? ¿La cercanía de la muerte? Tales son los misterios de la creación. Se puede correr o ir despacio y producir maravillas. O no. O no tanto. Lo cierto es que estos datos históricos, parcialmente inventados o verídicos, existen gracias a que alguien ha escrito sobre ellos, alguien los ha reseñado. Sabemos de Stendhal y compañía porque a alguien le ha interesado el trasfondo de esas obras. Y ahora que el año ha llegado a la mitad, los invitamos a participar de la convocatoria de julio-agosto, que inicia este martes 2 de julio y cierra la primera semana de agosto, inspirados por los misterios de la producción.

Felices hallazgos para todos,
M.u.R

(Imagen de cabecera: Hotel Stendhal, Via del Tritone, Roma)