SOBRE EL TODO Y LA NADA: La Gran Belleza de Paolo Sorrentino

Por Mariano Pantanetti—


Uno de los logros de la prosa de Jorge Luis Borges fue crear personajes que trascienden el papel. En un juego de metacreación, aparecen en su obra autores inexistentes que han sido rastreados en innumerables bibliotecas (Borges diría “se han fatigado bibliotecas”), y que aún, convencidos de su inexistencia, muchos siguen buscándolos. Tal es el caso de Pierre Menard y de Suarez Lynch, discípulo ficticio del también ficticio Bustos Domecq, por nombrar algunos. En esa línea, el director italiano Paolo Sorrentino nos presenta en La gran belleza (2013) a Jep Gambardella, autor ficticio de una ficción inexistente: La máquina humana. La riqueza y centralidad del personaje nos despierta aquello que despertaba Borges: querer leer la obra inexistente de un escritor inventado.

Jep Gambardella es un periodista de 65 años, entrevistador y playboy, que ha escrito hace 40 años una novela Best Seller, y que descansa económica e intelectualmente en aquel one hit wonder, para convertirse él mismo en una obra cultural. En un turista de su propia vida. Así, Sorrentino abre el film haciendo gala del manejo “fashionista” de la cámara, para poner a Gambardella en el centro de todo. Es su cumpleaños y, como un director de orquesta, el festejante maneja los tiempos de la celebración. Agita su mano y todos bailan al ritmo frenético de una Raffaella Carrá remixada. El acento, bien puesto en el paroxismo del baile, hace clímax en la duración de la escena: un largo recorrido de varios minutos, nos presenta el baile casi en tiempo real, nos invita a bailar. La sonrisa cómplice de Jep nos invita a sonreír, las insinuaciones sexuales de sus amigos y amigas nos invitan a festejar, la galería de personajes nos hace sentir cómodos (cualquiera de nosotros podría encajar allí), y cuando todo es algarabía, Jep se pone serio y nos mira. No lo dice, pero se ve hastiado de aquello. No lo dice, pero siente la nada.

El film, en plan Fellianiano, presenta a Jep (interpretado por Tony Servillo) como un Marcello Mastroianni a mitad de camino entre el Dandy de la Dolce Vita y el artista frente a la hoja en blanco de 8 ½. Más adelante, conforme el film avanza, en una de las charlas profundas que Gambardella nos invita a escuchar, se pregunta si él sería capaz de escribir un libro sobre la nada, como quería escribir Gustav Flaubert. Quizá lo haya logrado con el libro publicado que nunca podremos leer, pero que Sorrentino utiliza como excusa para mostrarnos que todo y nada son las caras de una misma moneda. Una cara dura, de aspiraciones y de bótox, que pese a la rigidez sonríe muy bien, aunque no sabemos, cuando nos mira, si no es que realmente se burla.


La gran belleza, Paolo Sorrentino, Italia-Francia, 2013. Trailer oficial

Imagen de cabecera: captura de la película.

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