RECETAS PARA EL DESAMOR Y EL OLVIDO

por Adriana Morán Sarmiento—


Este año veremos en el cine una historia conmovedora sobre el asesinato de un médico antioqueño, que formó parte de uno de los episodios más dolorosos en la historia de Colombia. Se trata de la nueva película del español Fernando Trueba, que llevará al cine una versión sobre El olvido que seremos (2006), la obra cumbre del escritor Héctor Abad Faciolince.

Al doctor Héctor Abad Gómez lo mataron en la calle Argentina de la ciudad de Medellín, el 25 de agosto de 1987. En uno de los bolsillos del saco, le encontraron un papelito con un supuesto poema de Borges, donde se leía la frase “Ya somos el olvido que seremos…”. Frase que, casi 20 años después, se convertiría en el título del libro de Abad Faciolince en el que relata la vida y muerte de su padre.

Como hubo dudas con respecto a las famosas palabras acompañadas por las iniciales JLB, el escritor colombiano se tomó la tarea de investigar si el poema en cuestión pertenecía o no a Borges. De esa investigación surgió la publicación Traiciones de la memoria (2010), donde se incluye el relato en el que, a manera de investigación policial, el autor corrobora la autoría del poema con ilustraciones, fotografías y cartas personales. Esto fue posible gracias a la ayuda de sus amigos Bea Pina y el poeta argentino Harold Alvarado Tenorio, entro otros interesados y curiosos. La historia, de alguna manera u otra, ha estado vinculada a la Argentina desde el comienzo.

Yo conocí a Héctor en Buenos Aires. Ambos viajamos becados por la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por Gabriel García Márquez, para cursar un taller de periodismo cultural con el respetado -y muy querido- Tomás Eloy Martínez. Fue en abril del año 2002, todavía en el país se respiraba la desesperanza y la traición de ese diciembre negro del 2001. Martínez había ganado el premio Alfaguara por su novela El vuelo de la reina, Héctor Abad también había participado con Angosta -su gran best seller publicado en varios idiomas incluyendo el mandarín-. Yo, era solo una periodista con una revista en ciernes que quería conocer el mundo. Desde entonces leí todos los libros de Héctor. Nos encontramos varias veces más, compartimos cenas y tertulias en Caracas, Mérida, Bogotá, Buenos Aires, y se convirtió en uno de mis escritores favoritos. Su libro Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997), me acompaña en mi mesa de luz. Y es con ese, precisamente, que me interesa cerrar esta reseña.

“Amaba a mi padre por sobre todas las cosas… Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor… Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”, escribió Abad Faciolince a propósito de la publicación de El olvido que seremos. Un hombre de familia. En Tratado de culnaria…, es con la frase “A mis cinco hermanas, mejor dicho, a mis seis madres” que da inicio a un compendio de recetas, brebajes dudosos y consejos de un autor en voz de mujer. “Repentinos antídotos para la pertinaz melancolía” es el subtítulo de tan apetitoso documento. Es imposible no recordar los consejos de tu madre o abuela sobre temas variados: una constipación, una tristeza, el paso de los años o un mal amor. Héctor Abad va combinando todos esos sabios consejos en este libro que es más un recordatorio de lo esencial de la vida. “Si alguno de mis consejos, alguna vez, no te cayó muy bien, o tuvo efectos perniciosos, te ruego que le des una segunda oportunidad. Si vuelve a fracasar, no dudes, arranca y rasga la página culpable de este libro inocente”.

Es un libro para reconocer sentimientos. Está muy presente la tristeza de las mujeres de la familia Abad, pero también la influencia del doctor Abad Gómez. Dice mucho sobre la verdad y la mentira, sobre la felicidad y el sufrimiento: “¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes. No dejes que te receten alegría, como quien ordena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío…”.

Tratado de culinaria para mujeres tristes, es el diario que no escribimos. Parece ser un libro para mujeres con el que los hombres se divertirán. Para las cocineras destacarán los remedios caseros revueltos con cuchara de madera. ¿Quién no esconde en su corazón el eco de un mal pensamiento? Pregunta en una de las páginas. Y es que el narrador que nos relata sus secretos no escapa a esta trágica duda existencial en la que nos permitimos sobrevivir día a día. Pero un consejo siempre habrá, para las pecadoras, y las que no lo son aún.

El libro, del que su autor dijo varias veces que era “una parodia de los libros de autoayuda”, fue llevado con éxito a la escena teatral colombiana en el año 2017, bajo la dirección de Johan Velandia; con cinco actrices que interpretan una obra donde la melancolía y el humor hacen parte del reparto.

A continuación, para aquel que la necesite, comparto una Receta para un mal amor:

“En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortarás de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y deja que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébela sorbo a sorbo de espaldas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada. Si al terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que él no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.”


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Héctor Abad Faciolince, Tratado de culinaria para mujeres tristes, Alfaguara, 144 páginas.

Imagen de cabecera: Héctor Abad Faciolince por Ruven Afanador

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