ARTE POLÍTICA: 15 años de carrera de Gabo Ferro

Por Gabriel Ossa—


Por eso el Maestro, al ver que un hombre trepaba por detrás del podio, se agarró de él para que lo ayudara a arrancarse de la mujer y sus seguidores que le cubrían ya las piernas con las manos…
‘‘Las Ménades’’ (Julio Cortázar, 1956)

Para ser sábado, estuvo bastante cargado informativamente. Amaneció con la brillante jugada de Cristina rumbo a las presidenciales de octubre, siguió con el 5 a 0 de Tigre a Atlético Tucumán para meterse en la final de la Copa de la Superliga que habría de ganar. A la noche fuimos al ND Ateneo de Buenos Aires a ver a Gabo Ferro. Quien me acompañaba observó, desde la bandeja superior del teatro, que el público parecía toda gente de Puan (como se conoce a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, ubicada en la calle de dicho nombre); el asiento contiguo a ella, que permanecía vacante, fue ocupado por Maximiliano Tomas, co-conductor del programa literario Bibliómanos emitido por la TV Pública.

La excusa del recital eran los 15 años de la carrera solista de Gabo; tal vez por eso pensaba que no iban a faltar invitados. Ni invitados ni banda. Una silla, una guitarra y el artista sobre el escenario. El despojo creo que es lo que se retiene de una primera escucha de su música –no sé por qué esperaba lo contrario–. Y la voz. Una voz capaz de poblar ese teatro con todas sus máscaras.

En parte es cierta la idea de que la música de Gabo Ferro es intelectual o literaria. Su primer disco, Canciones que un hombre no debería cantar (2005), empezaría, siguiendo esa lógica, con ‘‘Sobre madera rosa’’, su primer texto: el inventario de un coleccionista en el que no escasean los libros (‘‘tengo un manuscrito sin rótulos ni tapas’’, ‘‘serenidad escrito en una lengua muerta con sangre de niño y de casadera’’). La serie perturbadora de ítems va in crescendo, la interpretación –promediando la noche– se aseguró de que fuera así. A la delicadeza y emoción de cada tema y al lenguaje altamente literario, contraponía la interacción con el público: ‘‘Otra canción de mierda’’, ‘‘No voy a hablar mucho, porque empiezo a decir boludeces’’. Entre otras cosas se parece en esto a Spinetta. La modestia entre el arte y la gente.

La primera broma, por otra parte, va de la mano del título del disco debut, aunque puede leerse en este una posición en torno a la identidad sexual, respaldada en la iluminación –único elemento escénico externo– que adoptaba los colores característicos de la comunidad LGBT y, fundamentalmente, en esa temprana canción que es ‘‘Costurera y carpintero’’ (2006), una suerte de perversión del ‘‘Arroz con leche’’. De igual manera, haciendo uso de los pocos recursos, desde la silla sentenció: ‘‘la silla de pensar hoy no es un buen lugar’’ (‘‘La silla de pensar’’, 2016). Silla en la que mantuvo la misma postura, a no ser por algunas convulsiones que acompañaban los pasajes más dramáticos de la voz, estremecida en el silencio musical.

Las canciones de Gabo Ferro desplegaban, en el ND Ateneo, su propia espacialidad teatral: personajes definidos como los de la chacarera pícara y policial ‘‘El amigo de mi padre’’ (2005), pero poniendo en escena, también, fantasmas o personajes internos: ‘‘Lo que te da terror te define mejor (…) Volvé, tocá, miralo dulcemente esta vez/ que hay tanto de él en vos/ pero hay más de vos en él’’ (‘‘Lo que te da terror’’, 2011). En cada representación, el teatro y la música son más permeables, quizás, a la situación social que la literatura, y el equilibrio entre el adentro y el afuera se trizó cuando el artista reconoció el sacrificio que significaba pagar una entrada en estos días. Se olvidó, como decía otro trovador latinoamericano, de que su guitarra era su mejor fusil, y quitó la membrana de las canciones. ‘‘Esta canción habla de un negador; no se la dedico a nadie’’. Ya no era inesperado, a esa altura, que al hacer ‘‘Volver a volver’’ (2013), una canción que, aunque en otra musicalidad, pareciera compartir la materia con que está hecha ‘‘Barro tal vez’’ (Luis A. Spinetta, 1982), bajara desde las últimas butacas otro canto, político, popular: Oh… Vamos a volver… A volver, a volver, vamos a volver… El artista no emitió comentarios y prosiguió con las últimas canciones del repertorio, el conductor de la TV Pública y su acompañante se retiraron. Mi compañera ya no aplaudió, ni siquiera después de ‘‘Soltá’’ (2011); lo hacía responsable de matar esa canción que era, antojadizamente, una parte de nuestro amor.


Gabo Ferro en el ND Ateneo, Buenos Aires, 18 de mayo de 2019.

Imagen de cabecera: Gabo Ferro por Gabriel Ossa.

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