UNA ÉPICA DEL AZAR O LAS MUTACIONES DE UN POETA. Sobre “Del azar y otras nimiedades” de Alberto Quero

Por Olga Colmenares—


Vendrá otro tiempo, y será extenso
a partir de entonces seré, otra vez,
una nueva versión de mí mismo.
41. Alberto Quero

La primera vez que tuve el libro de poemas de Quero en manos sentí una corriente de cercanía abrumadora. Sus palabras me tocaron, tanto, que no pude terminar su lectura. No estaba lista para emprender este viaje a los infiernos. Aquí va mi segundo intento, uno exitoso. “A la memoria de mi hermano”, reza el epígrafe que, como Virgilio, desde la lejanía perfecta de la muerte, protegerá al poeta en su viaje al azar. Su hermano, el de carne y hueso, parece haberlo dejado preñado de recuerdos, lo cuales van a componer el discurso épico en el que se va dejando una ciudad llena de mercenarios en busca de pirámides de cristal. Y es que los poemas nos relatan una des-historia, un desmontaje en el que Alberto se asume como su propio creador; si “Alguna vez, Señor, escribiste otra versión de mí”, ahora es mi turno de robarte la pluma, traer a mi hermano desde la muerte y escapar de la ciudad que me hierve mientras que sorteo escupitajos bañado por el sol acre del Zulia. El libro-viaje se compone de tres partes, así como la comedia dantesca: Antes, Ahora, Anuncio.

Los poemas del Antes nos llevan al pasado. Desde la Génesis se juega con la idea de nuestras versiones paralelas determinadas por el azar, visto como la unicidad de la opción, una versión de sí en la que el poeta solo puede estar escribiendo los versos que finalizan el poema 1. Sueños, posibilidades que abundan en el pasado, los presagios que aún tienen un lugar en la ingenuidad de este joven, perdido entre el humo de lo cotidiano que parece escapársele por las rendijas. Su hermano trata, en vano, de abrirle los ojos con “maña y sulfuro”, pero no puede. Sin embargo, aún con ojos a medio cerrar, llega el momento de salir al mundo y comenzar el viaje épico que lo llevará a descartar todas las versiones de sí mismo que su creador tenía guardadas para él. Y es que, quizás, Quero no se da cuenta, pero desde el comienzo ha roto el pacto divino y ha tomado el fierro caliente con las manos desnudas. Esperar otro resultado más allá de “insulto y falacia” tal vez era solo un residuo de su inocencia. En el poema 13 nos anuncia la perdida de la inocencia y nos muestra el agrio camino hasta el Ahora. La ciudad se convierte en “lobo y calor” y es que el Ahora se trata de escapar, se trata de la mudanza de piel, una mudanza que significa el abandono del espacio que sofoca, el espacio absurdo en el que se convierte en ruina.

Los poemas de Ahora nos anuncian un triunfo discreto: “Mi hermano insiste / en que soy yo / el anónimo y oscuro ganador / de esta batalla y de esta discrepancia”. Intuimos un viaje, ya no solo fuera de esas calles que sofocaban, sino un viaje al cansancio, a la imposibilidad del reposo necesario después de tanto éxodo, una vuelta al vacío. Sin embargo, no percibo en este grupo de poemas ningún ansia de buscar identidades, lidiar con bagajes ni perseguir auroras boreales; sino que percibo el agotamiento que nos acerca a la muerte, un agotamiento que como inmigrante también ha quebrado mis propios huesos. Quizás la búsqueda no es más que lograr remover un poco el polvo de la barba espesa. ¿Qué debo guardar de mí mismo? ¿Qué debo aún tener conmigo? Amuletos, talismanes, pergaminos, magia. Magia que nos revela el sobrecogimiento que lo ajeno causa, la pérdida, como nos lo revela uno de los versos “No es menos incierta mi trayectoria que mi origen”. Parece la confesión, parece decirnos que lo ha intentado antes de meterse a los azares que aún quedan repartidos en el futuro. Y es que la nimiedad puede ser pequeña, puede ser el exceso de equipaje, la demasía de un Antes narrado en tercera persona.

Los poemas del Anuncio comienzan por un “Quizás” que abre las puertas, de nuevo, a los laberintos clausurados en el pasado de la pluma que escribe el verso. Vuelve el hermano como asidero, como interlocutor único en la vejez que no llega aún. La añoranza se instala en las noches solitarias en las que lo abarca una libertad que, desde el presente, desea. Mientras la vida solo pasa y vuelve a pasar, y él teja telarañas de versos para atrapar los pequeños excesos que le permitirán enviarle esa nota final a su hermano en una botella de vino tinto. En ese mensaje le contará cómo ha resultado su descarte del azar, cómo terminó de calar en él la lejanía que disfraza sus silencios y lo protege de las máculas y cómo pudo sobrevivir con los ojos bien abiertos en la nieve cegadora.

Los tres últimos poemas que dan un cierre a esta épica son, en mi opinión, un final cerrado en tanto que no dejan resquicios para que penetren las sombras. Alberto, su versión escogida, al menos, escribe una carta de despedida a su hermano, suplica a su creador por una partida tranquila, para luego devolverle su pluma con la humildad de aquel que ha explorado el inframundo del azar y termina con las manos en carne viva.


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Alberto Quero, Del azar y otras nimiedades, Art and Literature Mapale & Publishing Inc., 2018, 68 páginas.

Imagen de cabecera: Alberto Quero.

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