EN KÉMMER SIEMPRE. Apuntes a 50 años de “La mano izquierda de la oscuridad”

Por Gabriel Ossa—


Empecé la carrera de Letras con una clase de Economía y terminé con Antropología. Este último profesor, cómodamente en sus bermudas de etnólogo, empezaba las clases recomendando películas: la costumbre terminó por hartar a una buena cantidad de estudiantes, clareando el aula aquí y allá. Otra tarde, recomendó la novela La mano izquierda de la oscuridad. Pasados más de cinco años, le debo ese libro, y, tal vez, algún recurso para la propia práctica docente.

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Úrsula Le Guin (Estados Unidos, 1929) falleció en 2018, pero publicó La mano izquierda de la oscuridad en 1969. Leí el libro en clave antropológica (como buen libro que es, tiene varias más). No fue premeditado: los textos que, aun con toda la ansiedad del examen final, había disfrutado tanto, simplemente regresaron. La ciencia ficción presenta la dificultad (o la ventaja) de que nos coloca en una realidad ajena: cuesta al principio hacer pie en Gueden o en Invierno, su nombre alternativo. La lengua creada, característica del género, es otra aparente barrera de lectura, ya que cada término está glosado por Genly Ai, el Enviado, además de un apéndice, parecido en parte al de La naranja mecánica (hermana de colección en Minotauro).

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La prosa clara de Le Guin despeja cualquier dificultad provisoria: clara y por momentos poética (me sorprendió leer que tradujo a Gabriela Mistral), lo que la acerca, inesperadamente, a La carretera de Cormac McCarthy (2006). Buena parte de la novela –la mejor– transcurre en el Hielo, atravesado con maestría narrativa y detalle poético: “una vasta desolación sin habitación ni lenguaje: solo piedra, hielo, cielo y silencio; nada más durante ochenta y un días, excepto nosotros mismos”.

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El viaje y no el destino, aconseja la sabiduría popular; o “los medios y no el fin” para Har rem ir Estraven, el otro protagonista, el Otro antropológico. Pues es en el viaje que emprenden Genly Ai y Estraven donde se acentúan las diferencias sexuales entre ambos y luego se borran, al punto de que el primero llega a confesar “en cierto sentido las mujeres son para mí más extrañas que tú”.

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Mientras Iggy Pop cantaba: “Well it’s 1969 ok/ all across the USA”, Úrsula Le Guin escribía y publicaba esta utopía, falsamente alejada de la realidad convulsionada desde frentes varios (hippies, feministas, revolucionarios). El libro conserva su potencia en esta época de crisis política, reivindicaciones feministas y de género; aun cuando, simultáneamente, sea moneda fuerte aquel parlamento de El gran Lebowski (J. y E. Cohen: 1998): “Su revolución fracasó, señor Lebowski. Mis condolencias. Los vagos perdieron… Siempre perderán.


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Ursula K. Le Guin, The Left Hand of Darkness, Minotauro, 2018 (1969), 304 páginas. Mejor novela Premios Hugo 1970 y Premios Nebula 1970.

 

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