A new frontier. Sobre “Sex education” de Laurie Nunn

Por Zorayda Coello—


Comencé a ver Sex Education (2019) solo porque Netflix me la sugirió. Quién conoce el misterio del algoritmo que utiliza, pero le pareció que era algo que podía interesarme. Mis ojos topaban con ella en la sección de sugeridos cada vez que entraba para seguir las peripecias de Walter White, pero la certeza de que narraba la vida de un grupo de adolescentes no me animaba. A pesar de esta suspicacia, un interés personal por la literatura erótica y cierta atracción por cualquier programa que, a mi parecer, debía incluir algunos desnudos logró convencerme de darle una oportunidad.

Sex Education es una comedia dramática escrita por Laurie Nunn para Netflix. Consta de ocho episodios y se estrenó en enero de 2019; tan solo un mes después, la cadena anunció que se realizaría la segunda temporada. La trama principal no es complicada: Otis Milburn es el típico chico tímido y un poco nerd que no es popular en la escuela con el plus de sufrir una extraña fobia que le impide masturbarse. La principal razón de esto quizá sea su madre, Jean Milburn, terapista sexual que ejerce su profesión en casa, una casa adornada con cuadros, esculturas y una incalculable cantidad de obras artísticas (y no tanto) con temática erótica. En algún momento, Otis se alía con Maeve Wiley, la chica “problemática” de la escuela, para iniciar una terapia clandestina con la intención de ayudar a sus compañeros a resolver sus problemas sexuales.

A grandes rasgos, la serie pareciera el habitual programa de inspiración norteamericana para adolescentes, a pesar de ser británica, pero a medida que avanzan los episodios se descubre que la apuesta de Netflix es diferente. En medio de la vorágine de graciosas situaciones que enfrentan esos chicos sexualmente activos, es fácil olvidar que la acción transcurre en una secundaria y darse cuenta de que sus inquietudes no surgen porque son inexpertos o vírgenes, sino porque ellos también, como tú y como nosotros, crecen sin que nadie les hable de sexo de manera directa y franca.

Desconozco la edad de quien está leyendo esto, pero cuando yo era adolescente veía The O.C. (2003) o Degrassi (1987) en sus primeras temporadas, y las relaciones que se mostraban ahí, además de tormentosas, no pasaban de enfocarse en lo que se refería a sexo a cuándo se perdía la virginidad, ese mito tan arraigado, y quién se acostaba con quién. Y no hay que olvidar a la industria del porno, la única ventana de educación sexual que han tenido muchos. Imagino que la serie de Netflix no es la primera en mostrar los temas que toca, pero lo hace de una forma diferente a la que se vio, por ejemplo, en Skins (2007), donde el desmadre y los excesos eran la norma. Por el contrario, esta vez aparece un grupo de chicos, normales en sus rarezas, que quiere entender y disfrutar del sexo.

Ahí marco la diferencia entre este programa y cualquier otro que haya visto. ¿Cómo cambia Sex Education el discurso sexual que acompañó a la generación millennial (mi generación)? ¿De qué forma moldea la percepción que tendrán del sexo quienes son adolescentes en 2019? Como buena hija adoptiva de este siglo, mido la opinión sobre algún tema leyendo comentarios en las redes sociales. Amparados en la distancia que las ofrece la pantalla, descubro perfiles que llaman “degenerada” a la serie y esto enciende mis alarmas. No, no soy la única que percibe este influjo de transformación, incomoda a quienes, por alguna razón inexplicable, se ofenden ante la libertad ajena.

El hecho de que Otis (recordarán a Asa Butterfield por los ojos azules en El niño del pijama de rayas de 2008 y Hugo de 2011) sea un chico virgen que enseña a otros sobre sexo no es más que un guiño ocurrente de la serie. Aparte de reflejar la sexualidad inclusiva, un elemento cada vez más presente en programas de todo tipo (algo que no creí que durara mucho cuando comenzó a suceder, pero que me alegra se haya afianzado), la serie habla del sexo positivo, deja de lado construcciones sobre actitudes pasivas o activas para abogar por el disfrute compartido. El erotismo se relaciona con el misterio y lo prohibido, pero esto no debe convertirse en defensa para la ignorancia. Hablar de degeneración y libertinaje, señalar el supuesto “liberalismo” cuando se contempla a personas que, despojadas de tapujos y sin herir a nadie, pero sobre todo con consentimiento, se dan la oportunidad de imaginar que fornican con tentáculos siderales o de convertir una almohada en su mejor compañera (spoiler alert); señalar implica, reitero, que desconocen eso que Buñuel llamó la inocencia de la imaginación, la actitud de aceptar que tus fantasías no conciernen a nadie más ni tienen, joder, nada de malo.

Todo esto lo muestra Sex Education sin melodramas ni exageraciones, acompañado de temas actuales, como la legalización del aborto y la normalización de su práctica. Adereza el programa, además, la hilarante participación de Gillian Anderson interpretando a la mamá de Otis, una Gillian mayor, divertida y alejada del vórtice alienígena que tanto marcó su carrera.

¿Hay desnudos? La verdad no, pero sí adolescentes aprendiendo sobre sexo, en lugar de solo practicándolo. Series así quizá no hay otra, al menos no la conozco. Creo que más de un espectador sentirá que esta le deja los prejuicios al descubierto.


Sex Education, Laurie Nunn, Reino Unido, Netflix, 2019. Trailer oficial

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