Sobre “Cantos Órficos” de Dino Campana

Por Augusto Munaro—


El poeta italiano Dino Campana llevaba años internado en el hospital psiquiátrico de Castel Pulci, en San Martín la Palma (Florencia), cuando la muerte le arrebató la vida, el 1ro de marzo de 1932. Su irreprimible compulsibidad nerviosa le habría ocasionado su encierro definitivo en 1918. Desde entonces, su leyenda no cesó de acrecentarse. Fue autor de un único libro: Cantos órficos (1914), un singularísimo poemario que se encargó de sentar las bases de la poesía moderna italiana, abriendo el siglo XX con una propuesta lírica entre simbolista y hermética, expresionista y fragmentaria, es decir, de difícil clasificación. Tal vez sea la sumatoria de todos estos dispares y antagónicos estilos lo que, en su conjunto, creó esa inasible pulsión que sólo puede ofrecer su poética. Lo cierto es que sus extraños ritmos dislocados, sus entrecortadas sonoridades de pura riqueza musical, aún causan asombro. ¿Pero qué pudo llevar a este poeta a la construcción de tan convulsa poesía?

Para ello, hay que asomarse a su biografía dionisíaca y novelesca. Campana fue un empecinado nómada, pues viajó desde temprana edad por Suiza, Francia, Argentina, Rusia y Bélgica, entre otros países, donde debió ejercer todo tipo de oficios: afilador, fogonero de vagones de carga, minero, músico de la marina, portero, policía, bombero; inclusive tocó el piano en un club nocturno. Mientras sus vivencias se amalgamaban profusamente, colmaba de versos pequeños algunos trozos de papel, que guardaba en los bolsillos de su saco, para transcribirlos más tarde en una libreta. Un ventanal, los rojos sangrientos del crepúsculo o el olor del viento, podían transformarse en elementos identificables de su sentir lírico. De este modo, solitario y abandonado, se gesta un libro completamente desvinculado de la tradición –V. Giovanni Pascoli y Giosuè Carducci-, dando cabida a una poesía cuya potencia visionaria, de intensas sugestiones cromáticas, forjan versos proféticos oscuramente innovadores. El manejo maestro de la elipsis fue la característica más celebrada posteriormente, por los poetas del hermetismo: Eugenio Montale y Giuseppe Ungaretti, dado que desde sus misteriosos intersticios, se traslucían los destellos de su voz imperecedera.

De regreso a Italia, lleva el manuscrito –entonces intitulado Il più lungo giorno-,  a Florencia, con el fin de que Ardengo Soffici y Giovanni Papini, directores de la revista Lacerba, seleccionen algunos poemas para su eventual publicación. Sin embargo, el destino quiso que se extraviara este manuscrito, el único existente, obligando –a un  perturbado poeta- a reconstruir de memoria una versión más concisa y pulida de su libro. Así nació Cantos órficos, siendo editado por el propio Campana en una imprenta local de Marradi, y vendido personalmente en los cafés de moda: el “Paszkowski” y el “Giubbe Rose”, entre otros sitios florentinos.

Dino Campana -el iconoclasta- legó poemas de perdurable e incorruptible belleza, dedicados a “Guillermo II, emperador de los germanos”. “Jardín otoñal”  y “Boboli” muestran sus finas aptitudes elegíacas; “Petrificada de sangre”, una precursora muestra de surrealismo; mientras que piezas como “El ventanal” recuerdan los poemas de Georg Heym o Ernst Stadler, dos expresionistas alemanes muertos en los albores del siglo veinte. “El canto de las tinieblas”, por otra parte, evoca su enfermedad mental con una melancólica sutileza.

La vida de Dino Campana ha sido una continua peregrinación. Una prolongada huida de sí mismo. Algo análogo podría decirse de Arthur Rimbaud y Heinrich Von Kleist. Como acontece con Ezra Pound, Émile Nelligan y Torquato Tasso, e inclusive en Latinoamérica con de Martín Adán y Jacobo Fijman, su original obra lírica permanece en sincronía con sus altos ideales estéticos, lo que pone en duda el grado de su presunta insania. La presente y conspicua edición bilingüe ha sido seleccionada, traducida y prologada por Rodolfo Alonso.      


Dino Campana, Cantos Órficos, Traducción y prólogo: Rodolfo Alonso, Eduvim, 2014, 113 páginas.

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