El poder de la ficción y la ilusión de la felicidad. Sobre “Sapiens” de Yuval Noah Harari

Por Olga Colmenares—


¿Es que acaso hay algo más peligroso que dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?[1]

Yuval Noah Harari

Podría decirse, según he leído en Sapiens (2014), que somos unos primates con mucha suerte. Por un aún misterioso golpe del azar, pasamos a ser la especie dueña del planeta, así como quien hereda la fortuna de un pariente lejano. De una yesca sale una chispa y de ella el fuego, el que creí el poder más grande para el hombre en aquellos días. El israelí Yuval Noah Harari va un paso más allá: nos relata cómo de un mono nace la capacidad de comunicación sofisticada que muestra la fuerza que encierra la ficción como hacedora de comunidad, unidad que permite la colaboración a gran escala. El Homo Sapiens se hace con la capacidad de someter a un planeta entero, otrora dominado por bestias gigantescas, ahora extintas o encerradas en zoológicos para nuestro entretenimiento. La ficción, más allá del fuego, se convierte en el súper poder que nos convierte en dioses de sus diferentes manifestaciones: religiones, imperios, naciones y un largo etcétera.

El recurrido de Harari termina en una suerte de predicción parecida a la realidad expuesta en la serie Black Mirror –que en lo personal considero como una serie de profundo horror–: un mundo en el que la muerte no es el final y la felicidad se mide en likes. Supongo que es el mundo que viene descrito en la secuela de Sapiens: Homo Deus, el cual apenas comienzo a leer. El siguiente paso en la evolución, en pocas palabras, es la usurpación de El Monte Olimpo. Y es que, piénsenlo, ya la inteligencia artificial y la clonación son historias que no nos parecen tan increíbles. Así pues, vamos normalizando estos avances, tecnológicos y científicos, hasta que pasan a esa capa cotidiana que cubre con un manto de invisibilidad los dilemas morales. ¿Será el fin del mundo? No, no lo creo. ¿Seremos peores? No necesariamente. Seremos, quizás, el resultado de la historia que ha venido trazando el Homo Sapiens luego de eliminar a todos sus congéneres, unas diecisiete especies, y convertirse en el rey de la cadena alimenticia. Sin embargo, en mi opinión, Harari indica que está cerca el momento de la extinción del Sapiens y el devenir del Homo Deus o el Homo Inútil.

Más allá de contarles el recorrido, quisiera centrarme en un trío de ideas que me suscita la lectura de este Best Seller. La primera de estas ideas se refiere a la forma en la que se nos cuenta la historia. Harari, con lo que me parece una honestidad casi quirúrgica, trata de quitar del camino todo aquello que entraría en el reino de la especulación. ¿A qué me refiero? La manera de narrar el devenir del Sapiens de este historiador es asomar el abanico de lo que pudo ser y tomar con pinzas lo que fue, en una narración encadenada en la que confiesa saber el cómo sucedieron las cosas pero no tener claro el porqué. “¿Cuál es la diferencia entre describir ‘cómo’ y explicar el ‘porqué’? Describir el ‘cómo’ significa reconstruir la serie de los eventos específicos que llevan de un punto a otro. Explicar el ‘porqué’ significa encontrar las conexiones causales que den cuenta de la ocurrencia de esta serie particular de eventos y la exclusión del resto”. Un ejemplo de este planteamiento es la elección que hace el Imperio Romano del Cristianismo como su religión oficial cuando en aquel período existía un caldo de cultivo que permitía que cualquier otra religión fuese la elegida. Esto me hace pensar en volver atrás y cambiar un pequeño evento y ver sus consecuencias crecer como una bola de nieve. También me hace pensar que, tal vez, no somos lo que debimos ser y que Hobbes al declarar homo homini lupus solo tomaba una fotografía de la realidad y no descubría el entramado de la naturaleza humana.

El segundo elemento es el contraste que al inicio del libro se hace entre la biología, en tanto composición de ADN, y la cultura como forma que encontramos para hacer trampa y ganarle a la evolución. Este fue nuestro pacto Faustiano, aquí vendimos lo que somos y aún no sabemos ni a quién ni para qué. La cultura, ese constructo del que no podemos zafarnos, porque es el centro mismo de lo que somos, nos determina. Y, precisamente, es esta determinación inexorable la que me lleva a la tercera idea, que es con la que va cerrando Harari su exposición: el lugar de la felicidad y el libre albedrío. ¿Conseguimos la felicidad cuando nos metimos en este problema de la cultura? ¿Conseguimos la felicidad cuando explicamos el rayo como el poder de Zeus y creamos religiones basadas en profecías fruto de la imaginación humana? ¿Conseguimos la felicidad al regalar nuestra libertad nómada a cambio de la seguridad de la agricultura y la sociedad? ¿Tenemos libre albedrío o también es parte del constructo que nos une en pos del dominio? ¿Triunfamos como reyes del planeta al someter a los demás seres vivos y tomar como nuestros todos los recursos? Recuerdo la teoría de los genes egoístas, en la que somos poco más que recipientes de carne cuyo fin último es la propagación de la especie y parece que nada de lo que pretendemos ser tiene un sentido. Al menos nos une lo que tenga que ver con la ilusión de la felicidad.

El viaje al que nos invita Harari comienza mostrándonos la evolución de la que somos resultado y cómo construcciones culturales como el dinero, el imperio y la religión han determinado una evolución que no responde, como es el caso de otros animales, a la biología. La tecnología se convierte en la resolución de la brecha entre biología y cultura, y parece colocarse como siguiente norte en el camino de la evolución humana. Buscamos la inmortalidad como Gilgamesh y puede que, a diferencia de él, la encontremos en la manipulación genética. Podemos, incluso, llegar a vivir en una realidad dirigida por los intereses de una raza inmortal como la que vemos en la serie Altered Carbon (2018). Quizás nos recrearemos como una suerte de Frankenstein o ciborg que pondrá en tela de juicio qué somos como especie y hasta dónde podemos llegar. En mi opinión, los límites los dejamos atrás, ya no existen.

El viaje al que nos lleva Harari termina por plantearnos la cuestión que, desde el punto de vista más filosófico y metafísico, parece ser el centro al que deberíamos volver: la felicidad. Si bien los libros de historia están llenos de las hazañas de los héroes, las guerras entre naciones y las obras maestras del arte; lo cierto es que poco relatan sobre el ámbito del individuo y cómo los hechos que hacen girar al mundo lo afectan en términos de felicidad. “Esta es la laguna más grande en el entendimiento de la historia. Mejor es comenzar a llenarla”.

 

[1]Is there anything more dangerous than dissatisfied and irresponsible gods who don’t know what they want?


Yuval Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad, Debate, 2014, 496 páginas.

2 comentarios sobre “El poder de la ficción y la ilusión de la felicidad. Sobre “Sapiens” de Yuval Noah Harari

  1. muy interesante reseña. a mi particularmente me encantó la trilogía,tanto que el primer libro volví a leer por segunda vez al terminar Homo Deus. la primera me parece la más amistosa y menos contradictoria entre las tres. saludos

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  2. Hola, Alonadelark.
    Gracias por tu comentario. Yo aún estoy a punto de esperar el segundo, cuya idea me parece genial, eso de ser Homo Deus (y no Homo inútiles que es la alternativa) me atrae mucho. Espero poder tener la reseña para un par de ediciones en el futuro.
    Creo, sin leer las demás, que la primera te da un golpe en la cabeza y dices… claro cómo no me había dado cuenta de esto…

    Ya quiero leer los otros dos, necesito unas vacaciones para leer y leer.

    Saludos
    Olga

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