ESTA RESEÑA LA ESCRIBIRÁ UN ROBOT. Sobre “La silicolonización del mundo” de Éric Sadin

Por Mariano Pantanetti—


Quizá usted se encuentre frente a esta reseña porque la ha buscado, la ha googleado o casi con seguridad, ha sido sugerida por un algoritmo digital. Si así fuera deje ya mismo de leer en pos del libre albedrío.

Éric Sadin (París, 1972) es un filósofo y profesor universitario, que junto a un colectivo “postmarxista” compuesto  por Nick Land, Tizziana Terranova, Nick Srnicek entre otros, retoman la línea de pensamiento de Marx en Fragmentos sobre las máquinas (1857) y los conceptos de capitalismo y esquizofrenia de Deleuze y Guattari, para reinterpretarlos de cara a un nuevo mundo, en términos de Sadin, “silicolonizado”.

La silicolonización de mundo (2018) es el título al libro y al mismo tiempo refiere a la hiperextensión de la ideología, la política, la filosofía y el devenir propio de Silicon Valley, otrora parque de atracciones del capital emprendedor. Sostiene el autor que el modelo capitalista de Silicon Valley, basado en el concepto de emprendedor y de capital  de riesgo, es el modelo occidental que toda nación o estado busca emular, toda vez que el “éxito” del modelo, aumentado y estimulado por los propios creadores del sistema,  produce una música y un discurso que monopoliza la conversación en torno a que modelos deberían probarse/adoptarse de cara al advenimiento tecnológico. La crítica de Sadin no se centra en el tipo de música que suena, sino en la falta de diversidad de ritmos y en que los compases que suenan son demasiado hipnóticos para ignorarlos. Quizá exagere el autor, cuando pareciera suponer que Silicon Valley es el flautista de Hamelín. Veremos.

Sadin comienza presentando la historia del movimiento emprendedor, nos muestra una espiral de doble hélice, cual ADN, donde ideología anticapitalista y capital (sí, aunque suene extraño) por un lado y avance tecnológico por el otro se juntan para dar forma a un nuevo engendro que denomina  “liberalismo digital”.

Esta suerte de nuevo liberalismo basado en la administración de datos que los seres humanos producimos en cada acto, en cada interacción, en cada gesto, es la materia prima para la configuración de algoritmos que tienden (y según Sadin lograrán) a tomar el control de las decisiones de producción, consumo y bienestar  de la humanidad. El uso de aplicaciones (apps), Smartphones u otros Gadgets tecnológicos, pone a mano dispositivos que ejercen por un lado la función de “consejeros” –doble a la derecha–, como de recolectores de datos para, en un bucle sin fin, aconsejarnos sobre lo mejor de lo mejor –Si le gustó el restaurante A, a 100 metros tiene el restaurante B, doble a la derecha–. La preocupación que señala Sadin hace foco en una doble problemática que ya viene siendo estudiada desde el Imperio Romano, como dijera el poeta Juvenal: Quiz custodiet ipsos Custodiet, ¿quién custodia a los custodios?

El autor filosofa –y advierte– sobre la cara negativa de un sistema de comercio y de capital basado en la recolección y uso de datos privados  que al mismo tiempo ofrece todas las ventajas de tercerizar nuestras decisiones y todos los riesgos de tercerizarlas. Aunque parezca un juego de palabras esta es la disyuntiva que plantea Sadin y es una paradoja propia de un movimiento revolucionario como lo es el nuevo paradigma tecnoliberal. El autor se muestra por momentos presentando un futuro distópico, pues entiende que la uniformidad global del modelo podría generar un efecto en cadena y desatar el mal a nivel global, si algo malo sucediera. Nos muestra la contracara de un proceso de “evangelización digital” que promete el paraíso, pero que de fallar, según Sadin, desataría un infierno. El extremo que nos muestra está relacionado con la pérdida total de grados de libertad sujetos al consejo, ejecución y control de máquinas cuyos programas –algoritmos– buscan la mejor alternativa para todos, sin prestar atención a la singularidad, al uno a uno, al individuo.

La pregunta es si algún sistema puede lograr el bien individual por sobre el bien común o siquiera si alguien lo ha intentado. De algún modo, Sadin, un autor de corte Marxista, reniega de la planificación central llevada a su máxima expresión.  Señala sin decirlo que el problema casi podría resumirse en las palabras de Margaret Thatcher cuando en referencia al capitalismo (de corte conservador) dijo: “No hay alternativa”. Sadin hace bien en mostrar la otra cara de un modelo que se vende como infalible, aunque la respuesta a sus lamentos esté escondida en sus propias palabras cuando da subtítulo a su obra: La “irresistible expansión” del liberalismo digital.


lasilicon

Éric Sadin, La silicolonización del mundo,  Caja Negra Editora, 2018. 

Imagen de cabecera: Éric Sadin.

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