NOCHES DE PRIMAVERA. Sobre varios panoramas culturales en Santiago

Por Zorayda Coello—


La llegada de la primavera resucita las actividades de calle en Santiago de Chile. No importan las parkas, las tazas de café instantáneo ni los calefactores de parafina: cuando el invierno se instala, salir de casa a cosas que no sean absolutamente necesarias genera serios cuestionamientos sobre la salud mental de la persona en cuestión.

Es por eso que, cuando las temperaturas suben, las actividades al aire libre o en espacios semiabiertos se multiplican a tal punto que te encuentras con 3, 4 y hasta 5 panoramas interesantes en un mismo fin de semana. Toca dejar el lavado de la ropa para después, olvidarse de hacer las cuentas y salir a recibir un poco de sol y cultura.

El fin de semana del 27 de octubre de 2018 coincidieron tres eventos: la Feria Internacional del Libro (Filsa), el Festival Hecho en Casa de Entel y la Fiesta de la Luz (Filusa). Obviamente, no podíamos dejar de asistir a ninguno de ellos.

Filsa

I

Ese sábado nos levantamos temprano (pero no demasiado, en Santiago no tiene sentido madrugar) para la parada número uno: Filsa. Este 2018 la Feria Internacional del Libro tuvo como país invitado a Perú y se llevó a cabo, como desde 1989, en el Centro Cultural Mapocho, antigua estación de ferrocarriles que fue transformada para servir como lugar de eventos y que, además, ostenta el Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural.

El espacio del Centro Cultural tiene al menos cuatro pisos, hasta donde hemos podido ver, pero los stands de la feria en sí se ubican en los dos primeros; el resto lo constituyen salas acondicionadas para charlas y conversatorios, además de los cafés típicos de este tipo de espacios. El amplio espacio y el techo de vidrio son un recordatorio de su pasado ferroviario.

Este era el segundo año que asistíamos a la Filsa en Santiago, llenos de expectativas por las joyas que encontramos en el 2017, pero que no pudimos adquirir dado nuestra situación de inmigrantes recién llegados a la capital chilena.

Sin embargo, este año la feria significó una gran decepción para nosotros. En agosto, un par de meses antes de la inauguración, corrió la noticia de que sellos internacionales de peso, como Penguin Random House y Planeta, además de la Asociación de Editores de Chile, entidad que reúne a las editoriales independientes, decidieran no participar. ¿La razón? Inconformidad con el enfoque que la Cámara Chilena del Libro, principal organizadora del evento, le ha estado dado en los últimos años.

Con esta realidad, alrededor de ochenta sellos editoriales brillaron por su ausencia este año. Los más grandes plantearon la posibilidad de organizar un evento por su cuenta, mientras que las casas locales optaron por volcarse hacia la Primavera del Libro, evento editorial independiente que tuvo lugar a principios de octubre. 

Más allá del supuesto enfoque más “comercial” que pueda estar tomando la feria, no puedo evitar pensar que la renuncia de estas ochenta editoriales responde también a las “diferencias irreconciliables”, a esa pelea por la parcelita que tan bien conocen quienes se mueven en el mundo literario o académico. Esa eterna lucha entre lo comercial y lo literario, lo que vende y lo que transcenderá, los tirajes de “hágalo usted mismo…” y los ejemplares cartoneros, no deja de transitar junto al inmortal afán de comparar esta feria a la de otros lugares (México, España, Alemania, Saturno si es necesario…), con esa costumbre que tenemos los latinoamericanos de compararnos con las cosas que pasan en otros lados. Ahí sí somos un continente unido.

Se destacó, eso sí, la presencia de algunos sellos pertenecientes a la Cooperativa de Editores de la Furia, organización de editoriales independientes que está en pro de la democratización del libro y que realiza su propia feria anual desde el 2009.

Si la gente que lee es poca, como no me canso de escuchar adonde quiera que vaya, la gente que lee cosas de calidad es casi un animal mitológico. No es un secreto, sin embargo, que en Chile leer sale caro; existen opciones económicas, como adherirse a las diferentes bibliotecas, pero construir la propia requiere de una gran inversión.  

Es una pena que justo este año en que Perú era el invitado, país con el cual, lo admitan o no, los chilenos aún sostienen rencores, los espacios vacíos de los desertores fueran rellenados con puestos de comida y captadores ofreciendo cursos de inglés y técnicas para aprender a leer 2834347793749348938 palabras por minuto.

Aparte de ese sábado 27, fuimos un par de veces más por algunas charlas interesantes, pero siempre echamos en falta la presencia de público, ese que, en otras ocasiones, tratas de barrer a codazos de la montaña de libros que estás revisando para que no encuentren antes que tú el secreto que yace apilado bajo la torre.

noches de primavera, reseña

II

Salimos de allí para ver las intervenciones del Hecho en Casa de Entel, un festival de arte urbano que coloca muestras en diferentes puntos del centro de la ciudad. El objetivo de fue crear conciencia sobre la importancia de reciclar los materiales de forma ingeniosa.

Este año, el festival presentó un Pájaro Carpintero, negro y rojo, adornando la Torre Entel; una Llama Andina construida con plásticos en un bandejón de la Alameda; un Insectario, mural de coleópteros nacionales, pintado sobre la pared del Ministerio de Educación; un Gallo Chileno también hecho plástico en el Paseo Bulnes; y, por último, Caracoles gigantes en la Plaza Italia de Baquedano. Color, reciclaje y plástico fueron los materiales principales.

Lo interesante del Hecho en Casa no solo es la cantidad de gente que convoca para fotografiarse frente a las obras, sino que en cada versión algunas de ellas son construidas durante los días del festival, que este año transcurrió entre el 25 de octubre y el 4 de noviembre. Fue el caso de la Llama y el Insectario; la primera de ellas, cortada, montada y atornillada frente a los transeúntes, mientras cualquiera que alzara la cabeza hacia el Mineduc podía ver cómo estos bichitos iban apareciendo en el muro bajo las manos del artista, grises primero, coloridos, intrigantes e hiperrealistas después.

Los artistas, además, son de nacionalidades tan diversas como los materiales que utilizan: Cracking Art, el colectivo encargado de dar vida a los Caracoles, es de Italia; Amigo & Amigo, padre del Gallo, es un estudio australiano cuyos fundadores provienen de China y Perú; Mantra, pintor del mural, es francés; Bordalo II, conocido a nivel mundial por su street art, es de Portugal; mientras que la idea del Pájaro es de un chileno, Mauricio García, ganador del concurso que se abre todos los años para elegir la obra que adornará la Torre Entel.

Desde el momento mismo en que la Torre, propiedad del principal auspiciador del festival y uno de los emblemas de la ciudad, es adornada con una idea presentada en un concurso en el cual puede participar cualquier persona, lleva implícita la idea de que se trata de un evento para la ciudadanía, destinado a disfrutarla y sorprenderse con estos impresionantes animales que se alzan en medio de la ciudad.

El Gallo Chileno, alto, colorido, con sus alas desplegadas, hecho de plásticos reciclados que simulaban las plumas y, por si fuera poco, con un espectáculo de luces durante la noche, fue sin duda el favorito de este año.

Filusa 2

III

Luego de recorrer todas las intervenciones, caminamos hasta la Plaza de Armas para la Fiesta de la Luz, una presentación de 3D mapping que incluyó luces y música sobre la fachada de edificaciones o espacios emblemáticos de la ciudad. Aunque el año pasado asistimos a un evento parecido bajo el nombre de Kûzefest, la Filusa de 2018 fue la primera versión.

La diferencia de uno y otro radica principalmente en la muestra: mientras el Kûzefest mostró espectáculos de más de una hora en distintos puntos, incluyendo los trabajos de ganadores de concursos en todo el mundo, la Filusa estuvo organizada para recorrer un circuito de diez puntos en el centro de Santiago durante tres noches seguidas. Cada espectáculo duró aproximadamente diez minutos, con el objetivo de que los espectadores pudieran asistir a las otras sedes.

Nosotros, sin embargo, preferimos quedarnos en la Plaza de Armas y contemplar “Chile onírico” sobre las fachadas del edificio de Correos, el Museo Histórico Nacional y el Palacio Consistorial Municipal. Como en tantas otras ciudades, esta zona céntrica de Santiago recuerda las antiguas organizaciones de la colonia, cuando las construcciones importantes se alzaban en torno a una plaza.

Incluso olvidando el nombre de la proyección, no resultó difícil adivinar la visión que tienen los chilenos sobre su tierra. Llegamos hasta ese Chile onírico después de un viaje de luces e imágenes por otra galaxia, llena de brillos fluorescentes y luces que palpitaban. Atravesando el universo, el espectador aterrizó en una tierra edénica: cascadas, mares, abundancia de tonos verdes y flores, ballenas capaces de abandonar los mares y recorrer todo, agua, cielo y tierra.

Esta presentación de la Filusa fue nuestra parada final. Cuando abandonamos la plaza, nos dimos cuenta de que es el segundo año consecutivo que asistimos a estos eventos; como migrantes, toca forjar nuevas tradiciones.


Sobre los eventos. Filsa: https://camaradellibro.cl/ferias/filsa/filsa-2018/Hecho en Casa Entel: https://hechoencasa.cl/Filusa: https://www.filusa.cl/

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