LA BELLEZA LÍRICA DE RAQUEL ABEND VAN DALEN. Una reflexión de los versos de una poeta venezolana

Por Gabriel Guzmán Lacruz—


El tan conocido boom latinoamericano, ese que durante la década de los años 60 catapultó a personalidades como Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, parece florecer una vez más con nuevos nombres en su lista; solo que esta vez, más de uno comparte nacionalidad y un tema en común.

Y es que la profunda crisis económica, política y social por la que atraviesa Venezuela no solamente ha impulsado el éxodo de su población para buscar mejores alternativas de vida, sino que también ha generado un curioso fenómeno cultural, pues los protagonistas de esta historia han decidido tomar la batuta y convertir este calvario en diferentes expresiones artísticas, entre ellas, obras literarias.

Eduardo Sánchez Rugeles desahoga su nostalgia acumulada en Blue Label / Etiqueta Azul, aunque Liubliana sea su obra más lograda hasta la fecha de acuerdo con la crítica;  el intelectual Moisés Naím no solo ha sido responsable de libros como Ilícito, sino que igualmente escribió la serie colombiana El comandante, inspirada en la vida política del expresidente Hugo Chávez. Mientras tanto, Raquel Abend Van Dalen (1989), a sus 29 años, se ha convertido en una de las escritoras más sonadas de los últimos años en el país caribeño.

Aunque a Venezuela no haya llegado todavía su obra completa de manera oficial, la escritora egresada de la Universidad Monteávila ya ha forjado una reputación gracias a su pluma cargada de surrealismo, confesiones e ironía también.

Después de haber desarrollado novelas como Andor (2017), Cuarto azul (2017), la colección de relatos Los topos mecánicos (2018) los poemarios Sobre las fábricas (2014) y Lengua mundana (2012), Hotel de santos (2015) y Sardinas eléctricas (2017) la artista presenta su más reciente pieza, Una trinitaria encendida, que reúne sus tres textos poéticos mencionados.

“Al leerlos uno detrás del otro, bien sea cronológicamente o no, definitivamente te encuentras con un cuerpo coherente que te hace sospechar que en realidad siempre los pensé como parte de un mismo libro”, confiesa Abend Van Dalen desde su pequeño oasis neoyorquino, ofreciendo de alguna manera la razón por la que esta presentación no es más que una compilación de sus versos, releídos y adaptados. “En lo que escribo puedes encontrar evidencia de que soy una persona desarraigada. Quizás desde que nací”, también dice.

Y aunque no sea necesario reseñar aquí el motivo de su lejanía del país que la vio crecer, ella cuenta con el talento de mostrar en este nuevo producto su historia como mujer, latinoamericana, inmigrante, hija, pero sobre todo como persona humana a través de la angustia y la transfiguración del Yo. “En general, mis poemas están escritos en primera persona, lo que confunde al lector haciéndole pensar que es Raquel la que habla”, confiesa.

En versos como “De qué sirve tener cuerpo / si no sé sostener sus órganos / ni los de mi amado / si la sangre es lo único que sabe moverse / y me encamina en sus ondas desproporcionadas”, de  Lengua mundana, la autora vuelve a leerse una década después de haber visto nacer las líneas para regresar a la piel de un personaje ficticio que cuenta y cuestiona. Con todo, también asume un nombre y voz de mujer para llevarle al lector el origen de una violencia que traspasa los parámetros sociales de la literatura y aterriza con una especie de palabras fabuladas, que cargan con los sentimientos más profundos del alma inquieta.

Tal y como explica Abend posteriormente, sus versos se vinculan en esta ocasión con la esencia narrativa y poética de sus últimos cinco años, con un especial salto de la nueva experiencia al canto, pero siempre con la distancia que la ironía y la comedia le permiten. Entonces, hay una posible comprensión de la razón de sus días.  

La cotidianidad también hace las veces de personaje bajo la pluma de la escritora, quien parece proyectar también un aura de nostalgia que se refleja en el transcurrir lírico.

“las niñas católicas están confundidas
sentadas en los bancos de la entrada
son las doce pe eme y sus madres están en camino
se arremangan las faldas para lucir sus muslos
Y bajan las medias a los tobillos
las canillas tienen la misma importancia
quizás prioridad a los ojos de uno o dos”

De Hotel de santos

Su sonido también lleva consigo el trueno de la sociedad latinoamericana, a veces machista, a veces hipócrita, pero en constante lucha por la igualdad de derechos sociales. El padre y la madre también se hacen presentes, pero no sin restarle protagonismo a las líneas del cuerpo y la sexualidad en sí misma, donde esencialmente se busca interrogar los roles del mundo en el que habitamos. Así, un nuevo horizonte pretende avecinarse y con él una mejor forma de relacionarnos y comunicarnos rumbo a la trascendencia de nuestro propio ser.

Aunque su estilo narrativo pueda resultar demoledor y en ocasiones agresivo, Abend Van Dalen lucha con responder al inconsciente para continuar confrontando al seguidor de sus líneas con una realidad que abruma, siempre en un tono que se mantiene en la paradójica belleza del ser y que le da la bienvenida a un nuevo estilo poético de carácter internacional.

 

Una trinitaria encendida

En palabras de Enrique Winter: “parafraseando a Whitman, esto no es un libro. Quien lo toca, toca a una mujer expuesta a la máxima de vida = literatura desde el deseo y la rebeldía, primero en el cuerpo rabioso, luego en los imaginarios del dogma y, finalmente, convirtiendo los versos cortos que eran punzadas en una narración que encabalga hasta el desasosiego”.

Como en una ocasión solicitó la autora, esta breve reseña de su obra culmina con un poema extraído de Sobre las fábricas. Vale la pena añadir que obtuvo Mención Honorífica en el XIII Concurso Transgenérico convocado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana en Caracas, Venezuela, y en él se puede ver con más detalle la esperanza, la nostalgia y el desapego, elementos que como sus manos, también se mueven con vida propia.

II

Las rodillas rezan por el revestimiento de la tierra,
las tropas maduran con la vejez de la derrota,
las prisiones resisten el miedo de la vida prometida.

El origen de toda elegía
se pierde en el único ritual de liberación:
una respuesta que calme a los discípulos.

Son los derrotados
los que tragan signos de austeridad,

los que transitan caminos renunciados
por los extranjeros,

los que elogian el sentimiento de pérdida.

Recen, maduren, resistan,
no tienen más remedio que ser mortales

pero les advierto, señores y señoras, que las tierras
(nuestras tierras)

continuarán pavimentando sus cuerpos.


Raquel Abend van Dalen, Una trinitaria encendida, Sudaquia Editores, 2018, 238 páginas.

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