UNA ODISEA ESPACIAL MÁS ALLÁ DEL CINE. Sobre “2001: Odisea en el espacio”, de Arthur C. Clarke

Por David Flores Heredia—


Y si más allá de esto había algo su nombre solo podía ser Dios

2001: Odisea en el espacio

 

Lo que queremos es un tema sorprendente de grandeza mítica

Stanley Kubrick
(Julio, 28, 1964)

 

Los límites de la consciencia, la muerte, Dios, la realidad, la imaginación erudita y poderosa, un mundo en constante y fantasmal aparición a cada hoja, un viaje espacial mental lleno de velocidad que destruye el tiempo es la lectura de 2001: Odisea en el espacio.

Arthur C. Clarke (1917 – 2008), nació en Mirehead, Inglaterra. Fue ex presidente de la Sociedad Británica Interplanetaria y miembro de la Real Sociedad Astronómica, entre otras organizaciones, y oficial de la RAF (Real Fuerza Aérea) durante la Segunda Guerra Mundial e inventor del satélite de comunicaciones en 1945. En la introducción de su secuela a 2001, titulada 2010: odisea dos, cuenta lo siguiente:

“La novela 2001: Odisea en el espacio fue escrita entre los años 1964-1968 y publicada en julio de 1968, poco después del estreno de la película. Como he escrito anteriormente ambos proyectos se desarrollaron en forma simultánea realimentándose mutuamente. Así, a menudo tuve la extraña experiencia de revisar el manuscrito después de ver secuencias basadas en una versión anterior al relato, un modo estimulante, aunque un poco costoso, de escribir una novela”.

Y netamente respecto a la película, comenta en su The Lost Worlds of 2001:

“Cuando me encontré por primera vez con Stanley Kubrick en Trader Vic’s el 22 de abril de 1964, él ya había absorbido una inmensa cantidad de hechos científicos, ciencia ficción y estaba en grave peligro de creer en platillos voladores. Sentí que llegué a tiempo para salvarlo de ese destino terrible. Desde el principio tenía una idea muy clara de su objetivo final y buscaba la mejor manera de llegar a su meta. Quería hacer una película sobre la relación del Hombre con el Universo –algo que nunca se había intentado, y mucho menos logrado, en la historia del cine. Claro, existía ya una innumerable cantidad de ‘películas del espacio’, la mayor parte de ellas basura (…) Nuestro cronograma inicial era muy optimista: escritura del guión, 12 semanas; discusión de éste, 2 semanas; revisión, 4 semanas; arreglo final, 4 semanas; arte y visualizaciones, 20 semanas; filmación, 20 semanas; corte y edición, 20 semanas. Un total de 82 semanas. Otras 12 semanas antes del estreno, el total llegaba a 94, o sea, casi dos años completos. Estaba muy deprimido por esta cantidad de tiempo, ya que siempre quiero regresar a Ceylán –su hogar– lo más pronto posible; qué bueno que ninguno de los dos adivinó la duración real del proyecto: cuatro años. (…) Otros títulos que pensamos fueron fallidos como Universe, Tunnel to the Stars y Planetfall. No fue sino hasta once meses después de haber comenzado –abril 1965– que Stanley seleccionó 2001: una odisea espacial. Por lo que recuerdo, fue idea suya”.

Con esta singular develación pensamos en la simbiosis creativa de la obra maestra. Obra que en su versión cinematográfica apreciaron los astronautas del Apolo antes que partiesen hacia la Luna y llegasen aquel 20 de julio de 1969 en que Neil Armstrong pisase el disco plateado.

“De todas las criaturas que hasta entonces anduvieron por la Tierra, los monos humanoides fueron los primeros en contemplar fijamente a la Luna. Y aunque no podía recordarlo, siendo muy joven Moon-Watcher quería a veces alcanzar e intentar tocar aquel fantasmagórico rostro sobre los cerros” (Capítulo I, pp. 14, ed. Hyspamerica).  

2001 es una divina comedia espacial que atraviesa seis círculos, trazados por una voz astrofísica que nos conduce a surcar soles rojos, estructuras extra humanas e inimaginables formas y tempestades.

“Alguien había dicho una vez que uno podía sentirse aterrorizado en el espacio, pero no molestado. Lo cual era perfectamente verdad” (Capítulo I, pp. 56).  

Numerar sus premios o resumir el argumento diciendo que el primer capítulo narra la evolución humana y en los cuatro siguientes viajamos por el universo, para en el capítulo final… sería inútil y ordinario, ya que el placer de leer 2001: Odisea en el espacio es una bella y mágica sinfonía, que además posee una serie de secuelas magistrales en pluma de su autor, como son 2010: odisea dos2061: odisea tres y 3001: odisea final, publicadas en 1982, 1987 y 1996 respectivamente. 

“Luego esperó, poniendo en orden sus pensamientos y cavilando sobre sus poderes aún no probados. Pues aunque era el amo del mundo, no estaba muy seguro de qué hacer a continuación” (Capítulo VI, pp. 239).  

Quienes hayan leído la obra y piensen que la mente de Hal 9000 se perdió para siempre al ser desconectado, se equivocan. El singular Hal habita en la primera estrella que vean esta noche y, si ponen atención, quizás puedan escucharlo. Si nos concedes tu atención y lees nuestra historia te concentrarás tanto pensando en esas regiones naturales tan terroríficas que simplemente desaparecerás y llegarás hacia esos mundos extraños por completo para el ser humano, temidos por su mente, pero amados en secreto y de forma curiosa y admirativa por su corazón… “perturbaciones del tamaño del continente moviéndose lentamente a través de la atmósfera” como lo confirmará Clarke.


Arthur C. Clarke, 2001: Odisea en el espacio, Hutchinson, 1968.

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