Sobre “El cielo en llamas”, de Mário de Sá-Carneiro

Por Augusto Munaro—


Para el escritor portugués Mário de Sá-Carneiro (1890-1916), la vida poseía dimensiones ambiguas. La realidad cobraba ante él otra plasticidad, una textura diferente a su habitual percepción. ¿A qué se debía esta anomalía?, probablemente jamás lo sabremos. No obstante, la historia nos legó su obra breve e intensa. La misma -fuertemente arraigada a ese principio de alternatividad-, se construye a través de la multiforme conjunción de los numerosos “ismos” rupturistas de comienzos del siglo XX: el interseccionismo, paulismo, sensacionismo y, desde luego, el expresionismo, para apoderarse de una prosa autónoma.

Amigo de Fernando Pessoa, con quien fundó y colaboró en la afamada revista literaria Orpheu, Sá-Carneiro tal vez sea una de las personas más nostálgicas de la historia de la literatura de Occidente. Su renovación estética nace y gravita en torno a la intraducible palabra portuguesa: “saudade”. Si confiamos en el auxilio del diccionario, éste nos informa que es un recuerdo triste y suave de personas o cosas distantes o extintas, acompañado del deseo de volver a poseerlas o de verlas presentes”. El signo turbio de su melancolía hizo posible que nos dejara un conjunto de libros perdurables. Contamos con su novela, A Confissão de Lúcio (1914), varios poemarios y el libro de relatos El cielo en llamas (1915), volumen que acaba de ser publicado por la flamante editorial española Gadir. Se trata de la primera edición realizada en castellano. La traducción, a cargo de Juan José Álvarez Galán, es eficiente puesto que permite al lector redescubrir la incandescente sensibilidad del portugués. Demás está decir que valió la pena su dilatada espera.

El cielo en llamas es una colección de relatos cortos y novelas breves, donde se vislumbra su prosa poética -producto de extrañas asociaciones de ideas-, permitiendo así percibir la realidad de modo harto singular. “Mis escritos están pensados para ser entendidos con todos los sentidos. Tienen color, tienen sonido y aroma, tienen quizás sabor”, asegura a través de uno de sus tantos personajes soñadores. Sá-Carneiro intenta abrir otra dimensión en la escritura (otorgarle relieve). Estos tanteos estéticos le permitieron cincelar en sus páginas, extrañas metáforas sensoriales como “aquel húmedo silencio”, “la lluvia de hojas muertas, olorosa de sombra” o bien, “sus gestos que eran flores”, entre tantas otras.

Su cosmogonía está sintetizada en su relato fantástico “La extraña muerte del profesor Antena”, tal vez la mejor narración del tomo. Allí trasluce su suave melancolía en un principio teórico esencial a su escritura: “la fantasía está formada de recuerdos. Si el hombre ha imaginado destinos diversos para su vida esto sólo puede deberse al hecho de que conserva el recuerdo de algún hecho real similar”. Siguiendo este precepto, somos el resultado de infinitas reminiscencias. El hombre como derivación de las añoranzas.

Así, la ensoñación y lo quimérico dan cuerpo a un estilo complejo, flexible a la más extraordinaria de las conjeturas, puesto que “es soñando como yo vivo todo”;  llegando a aseverar como consecuencia que “sólo lo que no existe es hermoso”. Por esta razón, en ciertos relatos de El cielo en llamas es usual que los personajes se enamoren de mujeres inexistentes por el mero deseo de sentirse aún más desdichados. En su poética, ser correspondido en el amor no es tan relevante como estar dispuesto a hundirse en las estrambóticas divagaciones mentales que ellas pueden suscitar. Sabemos que Sá-Carneiro fue uno de los primeros en sugerir estéticamente que todo sonido posee color, al igual que las palabras –cada una de ellas- recogen un determinado sabor.

Esta singular forma de sentir el mundo, como se supondrá, tuvo una duración fugaz. Sus excesos de sensibilidad y de sensualidad desbocada –en parte heredada de los decadentes franceses-, lo llevaron al suicidio mientras se hospedaba en el Hôtel Nice de París. Mário de Sá-Carneiro perteneció a la generación de vanguardistas liderada por Pessoa y José de Almada Negreiros: personalidades que indagaron la prosa como si ésta tuviese tres dimensiones. En la era de la consagración de la infraliteratura, es decir de la banalización de la literatura, la edición de un libro como El cielo en llamas es un acto necesario. Sus sonidos, texturas y aromas continúan desafiando el paso del tiempo.


TApa-El cielo en llamas

Mário de Sá-Carneiro, El cielo en llamas, Traducción de Juan José Álvarez Galán, Editorial Gadir, 2007, 332 páginas.

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