EL LUGAR DONDE YACE LA HERIDA. Sobre “Abigail”, de Chris Abani

Por Angie Pagnotta—


Abigail llegó a mis manos entre los libros de prensa que recibimos a diario en Revista Kundra. Cada vez que llega un libro me detengo a mirarlo como si fuera la última vez, costumbres de este enamoramiento literario que llevo conmigo desde hace algunos años. En este caso, había algo en la portada, más precisamente en los ojos de aquella muchacha que se ve en la tapa del libro, que hizo que atendiera a los detalles de sus ojos y de su boca, aún detrás de los pixeles. Googleé el nombre de su autor y, como dice también la contratapa, me enteré de que Chris Abani es nigeriano, poeta, ensayista, dramaturgo, novelista y doctor en Literatura y Escritura Creativa. Es un autor que, con tan solo dos años, escapó junto a su madre y sus hermanos de la Guerra de Biafra, para luego de 3 años de exilio, regresar. Fue preso producto de su primera novela, basada en un golpe de estado ocurrido en Nigeria. Tuvo muchos enfrentamientos con el gobierno pero gracias a la ayuda de sus amigos pudo acceder a su libertad mediante sobornos y una suma de dinero que lo instaló en Gran Bretaña y, ahora, en Estados Unidos. Toda esta historia de vida resumida pero necesaria de decir en esta reseña, imponen la frase de su autor al declarar que su obra es “el trabajo contra el olvido”.

¿Cómo sobrevivir al conflicto? Esa es una de las preguntas que sobrevuelan las páginas de Abigail (también, podría pensarse, la de su autor), una historia tan cruenta, difícil, amorosa, inquietante y extremadamente bella. Aquí se cuenta la historia de Abigail, una niña que perdió a su madre en el mismo día del parto, una niña que convive con un padre que, a cada rastro y en cada momento le pone el peso de su madre muerta: primero por su parecido físico y después por cuestiones más intensas. Este peso que la acompañará siempre, la condena y la pone en lugares indeseados en múltiples momentos y por distintos motivos. El lector se inmiscuirá así en una intimidad compleja donde Abigail es blanco de dardos ensangrentados, dolientes y difíciles.

Esta historia transcurre entre la violencia, el dolor, la pérdida, el anhelo y la esperanza.  Una de las cosas más inquietantes es la relación que Abigail tiene con los mapas y las cartografías: lastima su cuerpo con fuego y se deja marcas que para ella son el contorno de sí misma, pero que, para ojos ajenos, son secuelas, son infligirse dolor para seguir lastimándose, para seguir perpetuando una y todas las heridas ¿Cuánto más dolor puede soportar?

Abigail también es dulce, infinitamente dulce y a la misma vez resuelta, irónica y madura. Encantadora por donde se la mire. Aquí se revela el temor, la vergüenza, el miedo y también la necesidad de superar los obstáculos más oscuros que la vida pone en cada paso de Abigail, esta niña que se hará mujer demasiado pronto y también, a fuerza de su propia luz, se volverá fuerte.

Es atrapante la belleza del libro en el que fragmentos corales se unen y se potencian con la estructura narrativa que su autor ha trabajado tan cuidadosamente. Hay una profundidad que lo invade todo, en la que el lector encontrará fragmentos de su propia soledad unidos a la forma en que se cuentan las vivencias de Abigail. La estructura propuesta por Abani es de un “Ahora” y un “Entonces” que va conectando la sucesión de los hechos en un viaje al pasado y al presente, así logra configurar un lienzo nuevo, abriendo fronteras en el texto.

Entre otras de las virtudes de la novela, la cartografía de los personajes con los detalles tan claros, tan nítidos, tan intensos e intimistas, donde se muestra un perfil y un relieve de ellos, de sus sentimientos y de acciones provocan en el lector una cercanía tal como si conociéramos en verdad a esos personajes. Además resulta precioso encontrar la musicalidad, los modos de decir y la belleza poética que trasciende cada palabra, con frases y fragmentos tan dolorosos como preciosos, tales como “No había nada más que hacer. Ahora que había sido hallada, se dio cuenta de que la mayor felicidad era estar perdida” o “Algunas veces, no hay manera de dejar algo atrás. De superarlo. Lo sabemos. Lo sabemos. Lo sabemos. Es la permanencia del ritual. Recordar algo que no debe olvidarse. Ni dejarse atrás. Ella lo sabía. Mientras fumaba. Ella lo sabía. Eso. Eso. Eso. ¿Y ahora qué?”.

Y eso mismo pasa. ¿Ahora qué? ¿Cómo salir de esta historia sin sentirla hondo? Imposible salir indemnes de esta historia, imposible que el lector no sienta un agujero en su estómago al terminar de leer la historia de Abigail, y de sentir en los ojos, en las manos y en todo el cuerpo la escritura de Abani: tan afable de leerse, tan preciosa, tan poética. Es una novela sublime, de una de las lecturas más recomendadas de este año.


Chris Abani, Abigail, Editorial Empatía, 2018, 114 páginas.

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