PASSA O EL DESASOSIEGO DE LA VIDA. Sobre “Passa”, de Pablo Judkovski

Por Rodrigo Moral—


Quien busque una historia en esta novela que desista. Para Pablo Judkovski (1971), su autor, la historia es una excusa para jugar con el lenguaje. Solo cumple un rol anecdótico, es un hilo para conducir a los personajes a través de sus reflexiones. Lo que interesa en cambio es darle vida a la narración, objetivo cumplido con creces.

Dijo en una oportunidad Osvaldo Quiroga sobre Judkovski: “Un escritor impresiona por cómo narra, cómo cuenta, cómo trabaja el idioma. Acá estamos frente a una promesa, un heredero de Onetti y Saer; una promesa vinculada también a los grandes poetas como Juan L. Lo que te lleva es la prosa, no la historia, porque la obligación del autor es construir forma”. Y en ese sentido, Passa (2011) es parte del universo literario de este autor en el que se emparentan Mar para Bastián (2007), Hiemal (2008), Enero en Bernabé (2012) y Rugh Rujfsh (2013) y Lentas, intimidadas y torpes (2016), todas publicadas por Crack-Up.

En Passa el lenguaje referencial casi no existe y el lenguaje metafórico se utiliza para decir las cosas que de otra manera no se podrían decir. Judkovski es un gran poeta, tanto que se permite la invención de palabras cuando el texto las pide. También regala imágenes inolvidables como “sus esquina con bar”, “el agujero negro de cada zapato”, “peluches bizcos, engordados y espumantes” o “perros ovillados en el sillón”, entre otras.

Estamos frente a una narración sostenida por el barroco rioplatense. La copiosidad de adjetivos, las frondosas enumeraciones y la letanía de los gerundios forman una textura apretada y profunda. Cierto es que desde un principio sabemos cuál es el pacto de lectura. El acápite del libro reza: “A los que no cayeron en la trampa de un destino ordenado”, Juan Carlos Onetti. Ya estamos advertidos del contenido. Ya podemos pasar y a razón de esto varios lectores agradecerán los capítulos cortos.

El libro nos involucra directamente con la subjetividad de Passarinho, un hombre venido de la localidad de Rosa, al sur de Brasil, y que se presta a un negocio con su jefe. El título nos invita a su mundo privado desde dos lugares: Passa funciona como parónimo (entra, pasa) y como apócope, manera familiar del protagonista.

Passarinho surge como el antihéroe de la ciudad, un perdedor sobre el que giran otros seres rotos que nos reflejan a nosotros y al sistema en que vivimos. A través de sus experiencias se explora el poder, la mediocridad y la soledad humanas desde la díada jefe/empleado, triunfador/perdedor, nativo/extranjero. Todo sucede en el sopor de la rutina moderna, puede ser en oficinas, rutas, cuartos de alquiler, playas o veredas de supermercados chinos. Y la decadencia, el arruinamiento, la implacabilidad del tiempo nos llegan en forma de manchas de humedad que aparecen en cualquier ambiente.

La acción sucede en escenas mínimas de los personajes como una reflexión entre lo minúsculo de lo cotidiano y lo grandioso de estar vivos. De hecho, es muy frecuente que ellos se encuentren en algún soportal o arcén, es decir sin llegar a entrar a ningún lugar y al costado de todo. Alguno que supo tener su momento de gloria piensa: “Todo el resto es olvido y una manera pluriforme de agradecer o pedir perdón por las molestias ocasionadas por estar vivo, erguido, simplemente de pie”.

El libro demanda una atención constante para no perder el hilo porque si bien la historia es una anécdota, es necesaria para entender la lógica de los monólogos y los diálogos. La densidad radica en el tratamiento fragmentado de los personajes, demasiados para la longitud del libro, y en la riqueza del lenguaje poético en desmedro de la claridad argumental.

De cualquier modo, el final de Passa nos lleva eficazmente al espiral de percepciones que es la interioridad humana y al cabo solo queda un suspiro sostenido: el desasosiego de la vida.

Un personaje reflexiona: “Me quedan dos opciones para vencer la abulia y la resignación. Una, la más cruel, dejar de sentir. La otra, estoy aprendiendo, poner otro objetivo en lugar de la felicidad”.


Pablo Judkovski, Passa, Editorial Crack-up, 2011.

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