EL JUEGO IMPOSIBLE DE LA MEMORIA. Lectura de “Santiago se va”, de José Urriola

Por Olga Colmenares—


Creo que mi hijo siempre fue un tipo inteligente
pero con una inteligencia rara, como para adentro.

José Urriola

 

Santiago se vino conmigo a Montréal desde Caracas. Ahora está más cerca del Puerto de Thor en Islandia y, además, visita a algunos compatriotas durante su estadía. ¿Y qué tiene que ver Islandia con un libro de un autor venezolano? Pues resulta que a ese punto en Islandia (Þórshöfn)[1] va a parar el protagonista de la maravillosa novela de José Urriola Santiago se va, publicada en el 2015 por la editorial Libros de Fuego. Al parecer todos, menos yo, habían escuchado o leído o comentado sobre ella. Agregando un poco de leña al fuego, diré que la compré por azar en mi último viaje a Caracas, cazando literatura de mi país para llenar mi maleta. La portada, que ven bajo estas líneas, puso en alerta máxima todos mis sentidos. Tantos años de libros de fantasía y juegos de rol no pasaron en vano: un mapa y una X roja junto a la latitud y longitud eran claro indicio de aventura. Sólo les diré que la X roja es sólo la entrada, un agujero de gusano, pues José Urriola (Caracas, 1971) tiene muchos mutantes debajo de la manga listos para el próximo acto. Me detengo aquí, pues mi intención es hablar de Santiago Iribarren y no de José Urriola.

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Nunca se me ocurrió, al emigrar a Quebec, dejarle a mis afectos un mapa para ubicarme. ¿Qué iba a dejarles de mí que ellos ya no tuviesen? Mis recuerdos son los suyos, pues yo no me pertenezco en tanto que soy en el mundo —sí, los años de estudiar filosofía tampoco pasaron en vano. Y esto es lo que me remueve la épica de Santiago que salta de recuerdo en recuerdo para tratar de componerse en una memoria colectiva; una que choca en todo momento con el muro de la tangente, que toca a la circunferencia en un punto y ya no más. Y ni siquiera es él quien nos guía, es otro quien lleva en los hombros la carga, así como Frodo llevó el anillo único a Orodruin. Santiago desaparece en las primeras páginas del libro y deja a su amigo la pesada encomienda de hacer el documental de su vida. El proyecto consiste en dos series de entrevistas, con una separación de diez años entre ellas, a las mujeres de la vida del marcianito, el diamante en bruto, el bipolar o cualquiera de los alter egos de este hombre que tratamos de atrapar. Además, el libro está poblado por las máquinas imposibles ideadas por el soñador e ilustradas por las manos de German Herrera.[1] Pareciera que lo tenemos todo para seguir la pista. Pareciera. Con la idea del mockumentary[2], Urriola acerca al lector a una verdad diáfana: el ejercicio de la memoria, como apropiación del recuerdo, es absurda, imposible, aunque bien vale la pena irse a cazarla usando como arma alguna de las máquinas de Santiago.

Urriola me regala un juego en forma de libro. ¡Qué escapen los neuróticos mientras puedan! El juego viene sin instrucciones, nadie gana, nadie pierde, pues es infinito; se trata del juego de la memoria, la reconstrucción a través de la palabra que narra la imagen y la voz de un cúmulo de percepciones que no llegan ya ni a ser recuerdos. Los recuerdos no existen en este tablero y, sin embargo, son la única moneda de cambio en un mundo sin Visa pero con dados de veinte caras. Un mapa del tesoro hace de portada, pero no se dejen engañar: los iniciados —denominados por la madre de Santiago como aquellos de la inteligencia para adentro— sabemos que esto es más que una trampa de mercado, sabemos lo que tenemos que ir a buscar. Tranquilos, no se asusten, pueden hacerlo desde el sofá o tumbados en la cama. Sólo prepárense antes de zarpar a esta aventura: un espejo, una lupa, unos audífonos[3] y un diccionario.

Como ya habrán adivinado, la propuesta de Urriola no es nada convencional. Tenemos un libro que más que libro es mapa y más que mapa es juego y más que juego es documental, cuya veracidad se escapa en los testimonios velados por la cercanía y la lejanía de un tiempo incierto en el ahora de la memoria. La exploración de la memoria como uno de los fragmentos de lo que somos o, al menos, tenemos la potencia de ser, se presenta sin muchas complicaciones, sin dimensiones paralelas ni viajes en el tiempo que creen paradojas. La paradoja nos parte y nos reparte para que el que quiera comience a armar, a hilvanar conjeturas de lo que no somos, de eso ya se esfumó mientras sucedía. Como lectora acepté la invitación, acepté la invitación a reconstruirme en un viaje a Islandia que sucedió en mi Caracas mientras leía en Place des Armes.

Algo que me atrajo mucho de esta búsqueda es la clarividencia con la que se plantea la única opción. Santiago sólo puede ser armado desde la diferencia, desde la voz femenina que es la única capaz de colocarse al otro lado. Creo que por ello su amigo está o parece tan perdido y ni siquiera él, el más cercano, puede comprender el todo que es Santiago. Además, las máquinas, mujeres también, sus creaciones. Y si sumo todo esto me resulta que la memoria, la memoria del otro, es un acto de creación divina, trascendente y efímera. ¿Cómo recordamos? ¿Cómo nos recuerdan? ¿Cómo nos recordarán?

Leer este libro, bicho raro pero bien cercano, es un reto a la memoria, es un espejismo, es lo que somos y no nos atrevemos a decir en voz alta. En algún momento, a mitad del camino, pensé que las voces de las entrevistas eran demasiado coloquiales, demasiado de lo mismo. Sin embargo, al llegar al final, al releer el comienzo, comprendí que la familiaridad de las voces es lo que precisamente nos acerca más al borde del abismo. Santiago, su amigo fiel, las máquinas, la música, las voces de mujer son las que hacen posible la memoria en su máxima extensión, el real ejercicio del recuerdo como átomo de la gran mentira que orquestamos bajo un nombre. De Santiago terminamos ignorándolo todo y es en esa ignorancia que comienza la esperanza de una realidad. Ejercer la memoria es un juego peligroso. El tiempo nos va mostrando como la mentira se hace insostenible y sólo algunos, con la inteligencia para adentro, son capaces de hacer lo único sensato que es irse al otro lado de un mundo redondo.

 

[1] https://goo.gl/maps/sSZprM3QZZF2

[2] http://german-herrera.com/blog/?p=588

[3] Tipo de película que muestra eventos ficticios presentados a manera de documental.

[4] El libro viene acompañado de un soundtrack que puede escucharse en línea.


José Urriola, Santiago se va, Libros del fuego, 2015, 200 páginas.

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