VERSOS TORNASOLADOS. Sobre “La visión comunicable”, de Rosamel Del Valle

Por Augusto Munaro—


Rosamel del Valle, seudónimo de Moisés Filadelfio Gutiérrez (1901-1965) es considerado uno de los poetas chilenos esenciales del siglo XX. Celebratorio y órfico, su poética de tintes surrealistas está nutrida por una rica tradición de lirismo oracular –de Dante a Lautréamont-, que deslumbra por sus versos transgresivos e imágenes deslumbrantes. Superior a Braulio Arenas y Teófilo Cid, compañeros de generación, Rosamel del Valle alcanza una densidad que extrema las posibilidades de la elipsis. La originalidad de su poesía surge de visiones, de palabras y sus juegos estróficos de notable simetría. Procedimiento que cristaliza en la textura de una expresión alucinatoria. Los planos espacio temporales se entremezclan, a veces anulándolos por completo, en un presente continuo: el de su lectura.

La visión comunicable, sin lugar a dudas su obra culmine, apareció publicada originalmente en 1956, tiempo en que se encontraba viviendo en la ciudad de Nueva York, como corrector de pruebas de la oficina de publicaciones de la Organización de Naciones Unidas. Tratar de expresar lo que significa este momento cumbre de la poesía rosameliana resulta difícil, ya que su naturaleza se muestra siempre misteriosa. Sus versos arrastran muchas voces, fundando cosmogonías que, por momentos, lo sitúan solo, como sobreviviente de enigmáticos mundos crepusculares. El suyo, como el caso de Novalis –otro poeta de la noche-  es una declaración estética de la poesía. Visionario como Blake, descentrado como Nerval, y como bien apunta Thomas Harris en el prólogo, quizás, “su mejor juicio es su lectura”. 

Pieza clave de la neo-vanguardia chilena, estos 27 poemas que conforman el libro revelan un impresionismo inusitado. Visiones y obsesiones clavadas en el lenguaje húmedo, poroso: absorbente. Un lenguaje que disloca los sentidos: “Mi lengua es una barca solitaria entre los dientes. / Y cuando tu padre baje a buscarte al fondo del mar / Se convertirá en estatua. Los trágicos recuerdos. / Los espejos trágicos pegados a los muros. ¿Recuerdas? / Quien recuerda está podrido. Tú eres el sol / Y yo me alejo por el hilo solitario de tus ojos”. Cada verso es una poderosa operación subversiva contra los sentidos. En cada verso mundos posibles, expansivos, intermitentes, que no permiten verse “así como así”. La composición de sus poemas explota siempre varios niveles de sensorialidad, no sólo por el uso de profusas sinestesias sino por un ingenioso uso de los colores y del sonido. En ese sentido en particular, su propuesta metafísica y surrealista, se sitúa muy lejos –inclusive-, de los rudimentos del creacionismo.

la-vision-comunicable-rosamel-del-valle-D_NQ_NP_661387-MLC26576043868_122017-FLa visión comunicable es un tiempo y un ser que se derrumba, y esto ocurre a través de numerosas voces deglutidas por el autor durante años. En ese sentido el libro, de notable sesgo amoroso (no erótico), opera como glasolalia magnífica. ¿Pero, con quién hablan esas voces? “Recordemos ese mundo donde tú y yo somos lo que no es”. Nace así un particularísimo decir sensible cuyo tono es sentimiento puro: “Y el viento se pondrá a cantar una nueva historia/ a las campanas”. Rosamel nos revela, de modo permanente, un trasmundo escondido pero coherente, un universo de más honda y esencial significación. Siempre bajo el signo del amor, el olvido y la muerte, los colores y sonidos se matizan, y la visión y el sueño descorren la cortina del mundo real. Realidades oníricas desdobladas y de cierto automatismo, sí, pero siempre soportados por el flujo del lenguaje desequilibrado. Símbolos e imágenes privadas y, a veces, hasta herméticamente excluyentes. Por su actitud, por momentos contemplativa, Rosamel del Valle es, asimismo, un poeta de ensueño, producto de una imaginación sólida que se articula a través de una habilidad rítmica inusual. Gracias a estos y otros atributos, su propuesta permanece hoy tan sólida como nunca.

Sobre Rosamel recuerdo una anécdota personal: hacia 2013, una tarde conversando en Buenos Aires con el poeta chileno Leonardo Sanhueza, responsable de la notable edición de la Obra poética del autor de El corazón escrito, afirmó categóricamente: “Rosamel es inagotable”. Y tenía razón el buen poeta trasandino.


Rosamel Del Valle, La visión comunicable, Ediciones Universidad Diego Portales, 2017, 96 páginas.

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