JEAN DUBUFFET, el padre del Arte Bruto que proveyó de vino a los nazis y luchó contra una cultura asfixiante

Por Ciro Herrero—


El exclusivo restaurante du Golf d’Amnéville, ubicado en el corazón de un polo termal y turístico de 600 hectáreas, posee una terraza con una vista apacible e inigualable que da la espalda a los conflictos moribundos de identidad, que se extienden en esa región del nordeste francés hasta la frontera actual con Alemania. Llegué al restaurante después de culminado el horario de servicio, en el preciso momento en el cual el staff de la cocina y del salón comenzaba a marcharse. Norbert Scherer, propietario del lugar, no se encontraba allí. La encargada del negocio me recibió con exagerada amabilidad y me comunicó que mi amigo Norbert regresaría en tres cuartos de hora, instándome a que lo esperara. “¡Qué sorpresa, se alegrará mucho de verte aquí!”- me dijo la mujer y me ofreció una copa de vino blanco. Cinco minutos después se marchó, según ella, hacia el casino lindante que forma parte del mismo complejo turístico, dejándome solo en el lugar. Varios meses habían pasado desde que el restaurante fue remodelado y le había prometido a Norbert pasar a visitarlo. Mientras bebía el buen riesling que la mujer me sirvió, comencé a recorrer el lugar. Jamás imaginé, al ingresar a la cocina, que en una mesa cabría el universo nazi de antaño; allí, a tan pocos kilómetros de Metz, de Sarrebruck y del ducado de Luxemburgo.

Sobre una larga mesa rectangular, de acero inoxidable, había unas seis, siete u ocho cajas de cartón; no recuerdo bien la cantidad. Una de las cajas, entreabierta, contenía un uniforme militar color verde-gris con insignias de las SS. Pensé que se trataba de un disfraz, pero al sacarlo de la caja encontré una escultura pequeña del águila que identificaba al Partido Nacional Socialista, un sello de madera con la esvástica tallada en su mango, un sobre plástico repleto de condecoraciones y una granada de mano que, curiosamente, tenía colgando una etiqueta de papel kraft con indicaciones escritas en francés de cómo ser utilizada. Abrí una segunda caja, en cuyo interior había vajilla con insignia nazi y una pistola Walther PPK, famosa porque supuestamente Hitler se suicidó con una de ellas y porque es el arma que usa el agente secreto 007, James Bond.

Mi curiosidad no cesaba de acrecentarse y continué hurgando entre las cajas, que no estaban selladas. Fue así como descubrí varios objetos más con simbología nazi: una cajita de madera con cerrojo que intenté abrir pero no pude, dos botellas de vino Mouton Rothschild 1939, un ejemplar hecho trizas de Arte de los enfermos mentales del psiquiatra alemán Hans Prinzhorn, publicado en 1922; y una copia del libro Asfixiante cultura, escrito y editado por Jean Dubuffet en 1968. Me senté sobre la mesa y comencé a hojear el libro de Dubuffet. Unos minutos después llegó Norbert, quien quedó sorprendido al verme ahí de improviso. Me saludó efusivamente, como solía hacerlo e inmediatamente comenzó a recoger y a guardar en las cajas algunos de los objetos que dejé, desordenados, sobre la mesa. Al guardar el uniforme militar, me preguntó con sorna: “¿Te gusta? ¡Creo que es tu talle! ¿Sabías que durante la guerra, la fábrica textil alemana que con el tiempo se convertiría en la marca internacional de ropa para hombres Hugo Boss produjo cientos de uniformes de las SS, usando trabajadores forzados?”.

No le respondí y durante unos segundos me quedé observando su visible y justificada molestia ante la osadía que cometí al husmear en aquellas cajas, que obviamente contenían un asunto sensible y delicado. Me disculpé y le pregunté acerca de la presencia del libro de Dubuffet, que al fin de cuentas era el objeto que más había acaparado mi atención. Fue entonces cuando Norbert me contó que ese lote de objetos nazis perteneció a un coleccionista amigo que había fallecido: “Dubuffet, antes de convertirse en uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, fue un comerciante de vinos que hizo una gran fortuna vendiéndole alcohol, entre otros clientes, a las fuerzas armadas nazis que ocuparon Francia entre 1940 y 1944. Ese libro –me dijo señalando el ejemplar de Arte de los enfermos mentales– fascinó a los surrealistas franceses y a los expresionistas alemanes. Fascinó a Kandinsky, a Paul Klee, a Dalí, a André Bretón… Dubuffet, influenciado directamente por este libro de Prinzhorn, creó el concepto de Arte Bruto. El libro es algo así como el Santo Grial del arte outsider. Todo está conectado… Quizá esas botellas de Rothschild fueron compradas directamente a Dubuffet a un precio exorbitante. Quizás Asfixiante cultura es el objeto corolario de todo lo que hay en estas cajas”.  Le ayudé a terminar el embalaje y nos fuimos a beber un par de copas a la terraza del restaurant.

Meses después compré un ejemplar usado de Asfixiante cultura. A continuación transcribo algunos fragmentos:

“El hombre culto está tan alejado del artista como el historiador del hombre de acción.

La idea del occidental de que la cultura es un asunto de libros, de pinturas y de monumentos es infantil.

Sólo nos desembarazaremos de la casta burguesa occidental desenmascarando y desmitificando su pretendida cultura. Es su arma y su caballo de Troya.

Con la creación artística – rara y excepcional – y con su divulgación pasa como en esas islas desiertas cuyo salvajismo, que es su atractivo, cesa en cuanto la propaganda hotelera arte a los turistas. Entonces ya no queda más que un salvajismo fingido repelente y los amantes de los parajes raros, excepcionales, buscan otro lugar donde plantar su tienda de campaña”.  

Jean-3

Jean Dubuffet (1901-1985) afirmaba que todos los seres humanos disponemos de un potencial creativo que las normas sociales anulan y que brota libremente en las creaciones de personas situadas al margen de la sociedad, como los internos de los hospitales psiquiátricos, los autodidactas, los marginales, los inadaptados, los solitarios desprovistos de cualquier educación artística. El anti artista francés creó el Arte Bruto o Arte Marginal en el límite de la cordura, prácticamente fuera de toda norma, convención o regla académica. El sentido de su proposición está en la abolición de toda jerarquía estética y toda regla de medir establecida por la cultura desde el poder.

Dubuffet compaginó su creación artística con la escritura, intentando siempre explicar su obra y defendiendo a aquellos artistas que, ajenos al academicismo, la moda, el público y el mercado, hacen arte para ellos mismos, no necesitando otra justificación que la creación en sí misma. La posición anticultural de Dubuffet conllevó una fría acogida inicial de la crítica europea al comienzo de su desarrollo, hasta que Pablo Picasso realizó un primer elogio público sobre él: “Dubuffet hace pintura con cualquier cosa, y lo más asombroso es que es auténtica pintura”.

Enemigo de una cultura y un arte al servicio del dirigismo de Estado, publicó en 1968 Asfixiante cultura. Allí hace una crítica feroz y mordaz a una cultura occidental en la cual se regula y manipula el pensamiento, de manera que se adapte a las directrices del sistema. Es en este contexto, según Dubuffet, la creatividad se trivializa y el pensamiento es fagocitado por el sistema, imponiéndose una cultura que nos obliga a percibir un universo homogéneo y masificado. Quizá por esto Dubuffet declaró haber rechazado premios o reconocimientos del mundo de la cultura, considerándolos totalmente irrisorios.

Portada-Asfixiante-Cultura


Jean Dubuffet, Asfixiante cultura, Ediciones del lunar, 2011, 90 páginas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s