MARTÍN ADÁN A PUÑO Y LETRA. Cartas escritas en el Psiquiátrico Víctor Larco Herrera

Por David Flores Heredia—


“Es mejor estar en poesía que hacerla,
cuando se la hace se la profana.
Volver a estar en poesía es toda una
travesía, cuesta mucho trabajo”

Martín Adán a José Antonio Bravo
Café del japonés, otoño del 63

 

A tajo abierto la poética construye un universo inmaterial que ingresa en lo único no material que aún respetamos: nuestra alma o sentido de lo cotidiano que al ser alterado calificamos como estado de belleza, gracia o arte.  

Onírico vagaba buscando consuelo a una etapa triste en mi vida y aparecí en la exposición -a mi ver- bien titulada Todo menos morir acerca de la obra de Don Rafael de la Fuente Benavides, alias Martín Adán, uno de los mejores poetas peruanos, nacido en Lima el 27 de octubre de 1908 y fallecido en su misma tierra un 29 de enero de 1985, realizada en la Casa de la Literatura Peruana (oct. 2015 – ene. 2016), buen trabajo lleno de semblanzas, arquitectónica disposición de espacios, fotografías, cuadros referentes y material audiovisual de calidad; sin embargo, la publicidad de los alusivos cuadros de Polanco, pintor nacional, parecía competir con el eje central de la exposición de Don Rafael en la prensa nacional, aunque socialmente estamos tan inmersos en la imagen que quizás sin ello la afluencia habría sido menor.  

Curiosamente ese paseo a la ex Estación de Desamparados, hoy hogar de las letras peruanas, sirvió para ubicar que las cartas legadas por Adán a su gran amigo, confidente y hasta, a veces, casi empleado, Ricardo Arbulú, eran propiedad de la Universidad del Pacífico. Sorprendido aproveché la estadía en uno de sus cursos y pedí la autorización.

Dos fechas fueron las permitidas para acceder a la biblioteca de nombre Pedro Benvenutto –docente e intelectual peruano, nombrado Rector Emérito de la UP en 1978, quien habría contratado al amigo Arbulú dándole pase libre de cese, quien trabajó hasta los 80 años en dicha casa.

Las cartas de Adán están conservadas en un ambiente de agradable temperatura, limpieza, orden, paz y ese silencio que no es rigidez, sino naturalidad para la lectura, e incluso viven al lado de una vastedad de obras del Quijote, libros de 1600 y la primera edición de Trilce del inmortal Vallejo.

Son cinco folios que contienen misivas escritas a puño y letra por el poeta durante su estadía en el pabellón 16 del Hospital Psiquiátrico Víctor Larco Herrera, tratado de dipsomanía crónica durante los años 1945 – 47, además de poemas llenos de correcciones, y material extra interesante, como su documento de estudiante de letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pedazos de sobres, y respuestas escritas en el mismo papel que le fue enviada alguna nota. Por supuesto, se cruzan grandes nombres nacionales y extranjeros, especialmente en la lista confeccionada para enviar su Travesía de extramares (1950) a sus amigos de todo el mundo, destacando renombres como Paul Valery y Alfonso Reyes.  

En ellas es impresionante ver las correcciones de los manuscritos y leer escrito a lapicerazo versos como: “alma, epidermis, tú, cincel de olvido, tallas aun rompiendo alegría/ alguna lucidez me embriagará mañana” (1945); “amor desamparado ladraba a las paredes” (1946), o “en vano y uno el agua bulle. De nada Amor se llama dueño que lo es todo, todo huye y siempre queda el sueño al sueño” (1946).

Causal y curioso también es leer la entrada léxica que el poeta Jorge Eduardo Eielson dedica a Adán al comentar su obra en 1945, en el diario La Prensa, anteponiendo el epígrafe: “Tened paciencia por todo lo que no está resuelto en vuestro corazón, intenta amar los problemas mismos como estancias cerradas, como libros que están escritos en idiomas muy lejanos -Rainer María Rilke”. E iniciando: “La poesía echa raíces en las tinieblas, pero se orienta a la luz, busca la guerra de las más altas clarividencias, el combate puro de las potencias humanas y divinas, donde algo que no es Dios ni el hombre se anuncia a solas y transcurre sin decidirse entre la alcantarilla y la nube, entre el relieve grácil –de brisa o mármol- de una columna, y la fuerza negra, alada, de lo que está siempre debajo del corazón y de la vida y nos empuja a amar, a conquistar y morir impunemente, sin saber por qué. Esto y nada más es la poesía. En ello reside su ser y su existencia aparte, su triunfo perdurable. Todo ello es Martín Adán”. 

No es de extrañar que además haya agregado: “Para llegar hasta la terrible y eterna luz –donde un dios obra escondido-. No basta el simple estado de gracia, sino que es preciso también del más triste estado de naturaleza. (…) Pero el poeta no olvida que aquel dios invisible que persigue ya está en él, pues de otro modo no le buscaría: En mi clara sombra de dentro, real como Dios, de modo infinito y sensible yaces muertoAloysious Acker (1933)”.  

Un dato adicional e interesante es el paralelismo de estos versos: “Yo no huiré a parte alguna porque estoy en todas partes” de La Campana Catalina (1942) y “Yo no te raptaría por nada del mundo. Necesito caminar a tu lado deseando raptarte” La casa de Cartón (1928), que perduran y en mi agitada existencia considero sellos característicos del gran poeta.

Es Adán dos veces ganador del Premio Nacional de Poesía (1946 y 1961), y además ganador del Premio Nacional de Literatura (1974), el mismo que en una carta, fechada en 1948, a raíz de la lectura del libro Nietzsche, la moral y la vida de José Russo, escribiera a su amigo autor: “En todas las grandes verdades hay un profundo y verdadero germen de poesía. Por eso todos los pensadores son recónditamente poetas. En Nietzsche la poesía se torna activa, viva. Antes de ser filósofo Nietzsche fue poeta. Antes de hablar con Zarathrusta en la montaña, habló con la naturaleza y a la naturaleza sólo se llega con poesía (…)”.

Las misivas están dirigidas primordialmente a su gran amigo Ricardo Arbulú y al pintor Ricardo Grau, son cinco folios bien estructurados, con material interesantísimo a nivel técnico, metodológico y, por supuesto, estético, no es menester indicar la gran satisfacción y placer de haber podido palparlas y agradecer esta conversación íntima con el maestro que en medio de mi hoguera con su fuego supo guiar mis pasos en esos días triste-azulados. Quedo satisfecho a la vida y sonrío al despedirme de mi ahora gran amigo a quien complacido escucho describiéndose: “Yo siempre estaré en la vida a sombra de costillares, golpeando cuerdas y nervios y remeciendo los árboles” – 1942. 

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Si desean saber más de la vida y obra completa del gran vate Adán no duden en mirar el mar, revisar lo contado acerca de él por el poeta beat estadounidense Allen Ginsberg y consultar el libro Biografía de Martín Adán a cargo de José Antonio Bravo – Perúlibros – Biblioteca Nacional del Perú – Paramonga (1988).

 

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