Klaus Kinski, el Jesucristo infernal que en 1971 fue aplaudido y abucheado en su propio altar

Por Ciro Herrero—


El tren de alta velocidad avanzaba desde Metz hacia Paris a más de 200 km por hora, haciendo añicos los últimos copos de nieve de un 2007 concebido para olvidar. A mi derecha, sobre el incómodo asiento que daba al pasillo, mi buena amiga Sonja Vogler miraba absorta un video en su nueva notebook de negocios. Le pregunté de qué se trataba. “Un monólogo de Klaus Kinski… personificando a Jesús, en una cena rancia con los discípulos del Papa” me respondió con tono irónico y esbozó una sonrisa. Acepté su invitación a husmear el material. Klaus Kinski (1926 – 1991), en su delgadez, me resultó irreconocible; solo había visto un trabajo del actor, en el film desopilante de drama y aventura dirigido por Werner Herzog en 1982: Fitzcarraldo. Un Jesucristo de camisa extravagante y pantalón ajustado, parado firmemente frente a un micrófono de pie, declamaba con furia un parlamento aparentemente desafiante. Aquel soliloquio, de un Jesús hipnótico proclive por momentos a un estallido de ira, captó mi atención durante casi media hora. Varias veces le pedí a Sonja que me tradujera, del alemán al castellano, lo que este actor exclamaba con tanto brío, ya que el material no estaba doblado, ni subtitulado. Sonja trabajaba, por aquel entonces, en la Sede de Universal Pictures International en Londres. Su compatriota, el documentalista Peter Geyer, le había enviado una copia del material que sería estrenado en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2008. Años más tarde, gracias a la memoria implacable que Sonja suele tener respecto a cuestiones inconclusas, logré ver la totalidad del material subtitulado en castellano. Jesús Christus Erlöser: Jesucristo Salvador, donde Kinski, astutamente, desvistió la mediocridad de los presentes e hizo tronar su destreza actoral:

“He venido a contarles la historia más apasionante de la humanidad: la vida de Jesucristo. No estoy hablando del Jesús con piel ictérica que se convirtió en la puta más grande por una sociedad insana. Esa perversidad arrastró su cadáver a cruces infames. Estoy hablando del aventurero, del más libre y moderno de todos, que prefirió ser masacrado antes que pudrirse en vida con el resto. Hablo del hombre como el que todos queremos ser. Tú y yo”.

En 1971, Klaus Kinski interpretó en Berlín, ante unos cinco mil espectadores, a Jesucristo; adaptando en un monólogo de su autoría el Nuevo Testamento. El texto de Kinski exhibe un Cristo enojado, desafiante, perseguido, mal juzgado y condenado. Un Cristo podrido de pompas y rituales, que proclama su tendencia anarquista y detesta a los políticos y a los cristianos. La impertinencia de sus palabras, a pocos minutos de comenzar el espectáculo, va sombreando el color impermanente de los miembros de la audiencia; que irritados, comienzan a gritarle: “¡Fascista!”, “¡Quiero los diez marcos de mi entrada!”, etc. Kinski, furioso, tilda a un espectador de “cerdo estúpido” y se retira del escenario. Minutos después regresa y retoma su declamación. Algunos provocadores continúan increpándolo y varias veces detiene y reanuda la función, devolviendo los insultos con respuestas mordaces. Dios parece hacer la vista gorda ante la mediocridad de los argumentos de un sector del público que no cesa de interrumpir al actor. Una vez más, Kinski se retira del escenario.

En su libro de memorias, Yo necesito amor (1988), este actor cuenta que fue capturado por soldados ingleses en 1944 y aprendió teatro en un campo de prisioneros. Cuando hace mención a este suceso, dice: “El tiempo pasa. Los espectadores siguen ahí. Nadie quiere irse a casa”. Finalmente, ante un centenar de espectadores, Kinski recita su obra debajo del escenario, en contacto directo con esas almas quizás predispuestas a dejar drenar sus dilemas. Treinta y siete años después de aquella función, en febrero de 2008, se estrenó el documental de Peter Geyer, donde este Jesús anti-profeta, no resignado, volvió para no dejar precisamente una bendición a la multitud. Quizás, en el fondo, este personaje tenía claro que en este absurdo no somos hijos de nadie. Puedo estar equivocado.


Jesús Christus Erlöser, Peter Geyer, Kinski Productions / Floridan Studios, Fecha de estreno: 11 de febrero de 2008, Festival Internacional de Cine de Berlín.

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