Nika Turbiná, la niña prodigio de la poesía rusa que una mañana me preguntó: “¿Cuánto tarda en morir un idiota?”

Por Ciro Herrero—


Una mañana cualquiera, en mi pequeña oficina, sonaba en una radio parisina el tema It’s No Game Part 1 del álbum Scary Monsters perteneciente a David Bowie. El equilibrio perfecto entre la voz enérgica y estridente, al estilo samurái, de la vocalista japonesa Michi Hirota y la voz de Bowie, me hizo recordar a Nika Turbiná: la niña rusa que interpretaba sus poemas con una pasión declamatoria poco habitual, al estilo dramático de generaciones anteriores. El asqueroso café colombiano que estaba bebiendo se derramó sobre el escritorio y finalmente atendí el teléfono, que había sonado varias veces. Era mi buen amigo Stevens: Maestro de Ceremonia de té de la prestigiosa escuela japonesa Urasenke. Me pidió, con carácter de urgencia, una caja con seis botellas de vino Pinot Noir de la Bodega del Fin del Mundo, para ser entregada esa misma mañana en la Maison de la Culture du Japon à Paris. Según Stevens, Miki Nakatani estaba allí para presenciar la Ceremonia del Té y deseaba obtener unas botellas del exquisito vino patagónico. “¿Quién es Miki Nakatani?”, le pregunté. “Algo así como la Madonna japonesa. Una cantante y actriz muy conocida”, me respondió. Antes de salir, busqué en YouTube a esa tal Miki Nakatani y encontré un videoclip de ella, titulado Chronic Love. Después de haber escuchado a Michi Hirota, junto a David Bowie, Miki me pareció un simple primate maquillado con colores susceptibles de agradar. Sólo eso.

Con la caja de vino a cuestas, partí hacia la Maison de la Culture du Japon, simplemente porque no podía negarle a Stevens el favor que me había solicitado. Al llegar al gigantesco edificio vidriado, luego de anunciarme, fui guiado hasta un amplio despacho, donde se me pidió que esperara. Me senté en un sillón austero. Sobre el borde de una mesa ratona, junto a la hermosura apacible de un Ikebana perfecto, había una edición de bolsillo de First Draft – Poems de Nika Turbiná. “¿Casualidad?”, me pregunté. Nuevamente, volví a recordar a aquella niña precoz de la literatura rusa, que a muy temprana edad había escrito unos poemas maravillosos. Vagamente recordé haber visto un video de Nika recitando, con vehemencia inusitada, sus poemas escritos con fuerza impetuosa. Tomé el libro que estaba sobre la mesa y comencé a hojearlo. Me detuve en el poema “Toco el piano“, escrito a la edad de 8 o 9 años. En su última estrofa: “Toco el piano, poco a poco los dedos se detienen. / Esa música al universo pertenece, mi casa le es pequeña“, creí vislumbrar el origen de su manera tan hermosa de exaltar la pequeñez de nuestra existencia.

Miki Nakatani, acompañada por uno de sus tantos asistentes, irrumpió en el despacho e interrumpió mi placentera lectura. Me preguntó, con su tono amoldado tenazmente a una cultura barata de la complacencia, algunas cosas referentes a los cultivos de viñedos a gran altura; al pie de los Andes, en Argentina. Durante la conversación, que no duró más de 20 minutos, varias veces posé mi vista sobre el ejemplar de First Draft – Poems. Nakatani no fue ajena a mi interés por el libro de poemas e hizo un comentario irónico: “Terminé de leerlo hoy. Increíble que haya ganado a los 11 años de edad el León de Oro en el Festival Internacional de Poesía de Venecia”.  Finalmente, esa zorra japonesa, poseedora de buenos ojos y dientes, dio por terminado nuestro encuentro al obsequiarme el libro. No me quedé a presenciar la ceremonia del té, a la cual había sido invitado. Al salir de allí, con el libro en mis manos, la imagen de Nika Turbiná atravesó raudamente mi cabeza, gritándome con violencia y en alusión directa a Miki Nakatani: “¿Cuánto tarda en morir un idiota?”.

“La lluvia, la noche, la ventana rota.

Los trozos de cristal se atoraron en el aire,

como las hojas que no alcanzó el viento.

De repente el estrépito.

Exactamente así

es como se desprende la vida humana.”

(1983 – Escrito a la edad de 9 años)

La poeta ruso-ucraniana Nika Turbiná (1974 – 2002) sacó a relucir su genio antes de los 6 años y alguien dijo, por ahí, que al lado de esa estrella tan precoz, Rimbaud parecía un aprendiz. Primer borrador, su primer libro, fue publicado en 1984, cuando como he dicho ya tenía apenas 9 años. El libro, del cual se vendieron inicialmente 30.000 copias, contaba con el prefacio escrito por el conocido e influyente poeta Yevgueni Yevtushenko y venía acompañado de un LP con los versos recitados por ella. El apoyo de YevtushenKo, el gran poeta del deshielo soviético que llenaba estadios con sus recitales poéticos, fue de incalculable ayuda para que Nika ingresara al circuito de la denominada “Poesía de los estadios”.  A finales de 1984, Nika ya era una famosa poeta soviética que emprendió una gira por todo el país, participando en las veladas literarias donde recitaba sus versos junto a poetas consagrados. Al año siguiente obtuvo el León de Oro en el Festival Internacional de Poesía de Venecia. Su fama comenzó a decaer a los 13 años, cuando sorpresivamente y por razones que no fueron hechas públicas, Yevtushenko se alejó de ella. Posteriormente, a los 16 años, Nika fue a estudiar a Suiza, donde comenzó una relación amorosa con un profesor de psicología 60 años mayor que ella. Años más tarde recordó, en una entrevista, aquella experiencia diciendo que: “…fue algo hermoso y trágico, como una rosa pisoteada”.  Al regresar a la Unión Soviética, comenzó a desarrollar su adicción al alcohol y durante el rodaje de un piloto para la TV rusa intentó suicidarse. En 1991 se publicó su última obra en vida: Pasos hacia arriba, pasos hacia abajo. Años más tarde, en 2002, participando de una reunión en el departamento de unos amigos, se sentó en la baranda de un balcón y se dejó caer al vacío. Falleció en el acto, a la edad de 27 años.

Su obra poética está marcada por un gran sentimiento de soledad y una tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente. Siendo niña aún, en una entrevista televisiva, le preguntaron: “¿Por qué sufrís?”. Nika respondió: “¿Por qué sufro?… Porque yo vivo. El mundo no está lleno de color. En algún lugar la gente se está matando, en algún lugar los niños se están muriendo… con mis poemas quiero ayudar a eliminar los muros que se reparten el mundo y dividen a la gente”. Su obra póstuma, con poemas inéditos, fue publicada en 2004 bajo el título Para no olvidar. Realmente es para no olvidar a esta niña que compuso, bajo el don de la escritura, esos versos penetrantes y brillantes como un intento por romper esos muros que la separaban de los demás. Nika Turbiná, que no tenía educación ni profesión, cayó en su adultez frente a la indiferencia de sus contemporáneos; aunque continuó escribiendo esos versos que atrajeron, fascinaron y pusieron incomodo a más de un lector. Incomodidad distante de la inventiva falaz y colorida de Miki Nakatani. ¿Desconocía acaso Miki Nakatani que allí donde la gente es tan estúpida y fanática para escucharte, uno no debería permanecer por mucho tiempo?

Nunca pude responder la pregunta escalofriante de Nika: “¿Cuánto tarda en morir un idiota?”. Tampoco obtuve la respuesta de su voz fantasmagórica, que durante toda esa jornada resonó en mi cabeza.  Quizás un idiota está muerto, simplemente, desde el momento en el cual lo es. No lo sé.

 


Nika Turbiná, Firts Draft – Poems , Marion Boyars Publisher Ltd., 1987, 125 páginas.

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