Submerged, o el Mundo Sumergido de Ballard

Por Javier Alemán—


En El Mundo Sumergido (1962), el escritor inglés J. G. Ballard presenta (con una clarividencia que asusta) una versión futura de Londres y el planeta en la que las aguas se alzan y cubren las ciudades. Más adelante reconocería haberse basado en sus propios recuerdos de la infancia en una Shanghái en guerra con Japón y los diques londinenses, que en más de una ocasión habían dejado espacio al Támesis para apropiarse de la ciudad.

Las tormentas solares azotan al mundo con indiferencia, provocando la catástrofe. Rebasadas las contenciones y derretidos los casquetes polares, la nueva Tierra deja de acoger a la humanidad. Una pequeña célula de resistencia, con la terquedad humana, se concentra en la ahora apacible Groenlandia, porque ya sólo es soportable el calor en esas latitudes. El resto queda para los helechos, los grandes reptiles y una fauna más propia del Triásico que de nuestra era.

Quizá lo más interesante del libro es el escenario. La tesis de Ballard (muy influido por el psicoanálisis) es que la ciudad y la propia civilización son un superego poderoso para domeñar al id colectivo. Cuando el hombre deja de domar a la naturaleza se pierde en el tiempo, en una eternidad sucia y oleaginosa, con su propia historia flotando en las charcas del mundo que queda. Sin nada que lo someta, vuelve a soñar con el cieno primordial, a ser hechizado por la llamada de la selva y la laguna amniótica que lo devolverá a su estado animal. El hombre reducido al atavismo.

Desconozco si el videojuego Submerged (2015) de los australianos Uppercut Games quiere ser heredero de la novela, pero me parece innegable su influencia. Su ciudad no es el Londres devorado por las aguas y estancado en el Mesozoico, sino una versión neoclásica de cualquier otro lugar, donde esculturas históricas se abrazan con carteles publicitarios, torres de radio y norias gigantescas. Un nuevo mundo de aguas verdosas y criaturas acechando en sus profundidades. De hiedra que todo lo cubre y una flora que, en general, celebra su nuevo estatus como pináculo de la evolución.

A este nuevo escenario se ha adaptado el ser humano volviendo a un estatus tribal. A través de los pictogramas que vamos encontrando podemos averiguar algo más sobre la historia personal de sus dos protagonistas, incluso dejar que nos presten sus ojos para ver con ellos los elementos de la ciudad. Pero en el fondo, por interesante que pueda ser, la narrativa de Submerged se disfruta mucho más si dejamos que emerja.

Así podemos pasar días y noches, vagando con la barcaza de Miku (nuestro avatar en el juego) y explorando la ciudad. Imaginando qué podría celebrarse en el hotel que estamos escalando, paseando por los jardines que ya nadie más disfrutará o fantaseando con los últimos días de alguien en el hospital. No es el qué, sino el cómo. Las preciosas ondulaciones del agua y el reflejo de la luz, al dejarse a la deriva mientras oteamos el horizonte con nuestro catalejo y la fauna marina nos persigue para jugar, sorprendida por la novedad.

Precisamente el mayor error de Submerged es cuando se siente obligado a portarse como un videojuego tradicional. Cuando llegamos con Miku y su hermano a la ciudad, y nada más empezar, se nos pide que escalemos hasta lo alto de un edificio para cogerle medicina. Algo que acabaremos haciendo diez veces, cuya repetición (que es hasta cómica) puede emborronar la maravilla que produce recorrer el escenario. La misma repetición que las atalayas de un Assassin’s Creed o las torres de radio de un Far Cry 3, pero con mucha menos pretensión. Por suerte, ahí queda todo atisbo de mecánica jugable habitual: en Uppercut Games han tenido la inteligencia de evitar los enfrentamientos violentos en el juego o poner algún tipo de temporizador entre cada recolección. Así al menos el jugador es libre para hacer lo que quiera hasta que se sienta obligado a avanzar. Vamos, que Submerged es mejor videojuego cuando se olvida de que tiene que serlo.

A la mecánica recurrente acompaña, al igual que en El Mundo Sumergido, una suerte de involución de la protagonista, refrendando su teoría. Como en el Londres invadido por los lagartos gigantes, uno sólo puede prosperar si cambia y adopta con entusiasmo las nuevas reglas del mundo. Los cambios que vemos son sólo físicos, pero podría entenderse que algo se remueve en el interior de Miku mientras se alza de entre el barro y la hojarasca, mientras sube por ventanas y cornisas para salvar la vida de su hermano aun perdiéndose ella misma por el camino.

Sería terrible minusvalorar a Submerged por verlo con los ojos cansados con los que se mira a los demás videojuegos. Sí, es una pena que no haya sabido desvestirse de las estructuras más clásicas, de lo que se entiende por “jugar”, pero ha tenido suficiente personalidad como para dejarle un gran resquicio al jugador. Con esa visión convencional hablaríamos de un videojuego bonito pero monótono, una suerte de experimento que aprueba después de haber ido a reclamar unas cuantas décimas a la revisión del examen. Pero hace años ya que estamos corrigiendo esa miopía con las gafas que nos ha traído el sector independiente.

Calándonoslas llegaremos a otro título. Un videojuego (o pieza de entretenimiento digital, como queráis llamarlo) que brinda una experiencia tranquila y contemplativa. La narración de la historia de una ciudad y el disfrute de un escenario que está puesto para conmover al jugador con su ruina y su vida que se alza triunfante. Como en El Mundo Sumergido, parece evidente que la humanidad ya no tiene lugar aquí, pero con la muerte de la egolatría de la especie humana se ha llegado a algo mucho más grande. Y con la muerte de la egolatría del jugador llegamos a este mundo: no eres tú, no es la interactividad y tampoco la historia. Es el escenario, que también perseguiría a Ballard durante años.

(Artículo publicado por primera vez en el número 0 de Deus Ex Machina: Cuaderno de Máquinas, un libro-recopilatorio con lo mejor en crítica cultural de videojuegos en castellano. Disponible aquí)


Submerged, Uppercut Games, 2015, Windows, PS4, XBOX One, iOs, Trailer oficial

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