Sobre “Otono (sic)”, de Luis Moreno Villamediana

Por Laura Uzcátegui—


Jacques Rancière  (2002) define “lo común” como “eso” que un sistema de evidencias sensibles pone de manifiesto y que lleva implícito un reparto de los lugares y partes específicas, es decir, de los tiempos y las formas de actividad que determinan, a la vez, la manera en que “eso” común se presta a participación de una colectividad apta y unos y otros participan en esa división (3). En la actualidad, desde la posición de lectores, ¿cómo tomamos parte en la política de lo literario y en esta definición de “lo común”? Estamos tan acostumbrados a la lectura estructural del texto que nos olvidamos del formato en que lo leemos (digital o físico, con sus variantes), es decir, de la manera en que éste se hace visible. Bourdieu advierte que hemos universalizado esta manera de leer el texto sin referirlo a más nada que a sí mismo, sin estar conscientes de que esta práctica es una invención relativamente reciente (255). Los textos (no sólo los literarios) comunican “una manera de hacer”, “una manera de actuar”, es decir, “transmiten una información sobre su modo de empleo” (256) que, muchas veces, no es evidente. Esta información, no necesariamente parte de las probables relaciones que existan entre las voces que se enuncian dentro del texto y el receptor, también está en la estructura de lo escrito, en los espacios en blanco, en las formas del verso o de los párrafos, la puntuación, las elisiones, lo censurado, los errores, en lo tipográfico, en el tipo de papel, en los títulos, en el color, en las ilustraciones, y en todo aquello que consideraríamos “accesorio” al texto.

Podemos pensar, entonces, en dos tipos de lectura: 1) la que parte de los procedimientos de “puesta en texto” y 2) la que parte de los procedimientos de “puesta en libro”. En el caso de Otono (sic.) del poeta venezolano Luis Moreno Villamediana no podemos hacer una valoración del poemario sin tomar en cuenta el modo en que se presenta. La propuesta estética del escritor se apropia del proyecto editorial de Letra Muerta, y viceversa. Ambos plantean un uso y una lectura que desestabilizan “lo común” e intervienen la práctica de la lectura naturalizada; ambos exigen un protocolo de lectura distinto que permita apreciar su complejidad a nivel técnico (tanto en el proceso de escritura del autor como a nivel de la producción editorial).

Lectura n°3: El libro como objeto de arte

La “puesta en el texto” hace referencia a la manera como éste está constituido, al conjunto de recursos retóricos ordenados y seleccionados por el autor al momento de construir su libro, de hacer inteligible lo que piensa y lo que nos quiere decir. En ese nivel de comprensión me parece imprescindible señalar que, desde el punto de vista temático, Luis Moreno Villamediana rompe con “lo común” de la poesía venezolana actual: el país visto con los lentes miopes de la nostalgia y la diáspora. A mi modo de ver, el valor de Otono (sic.) está en la posibilidad de hacer una política de la lectura mucho más compleja, que propone un reparto de roles planteados por el escritor, a veces poeta, traductor, lector, crítico, copista y saboteador de su propio proceso de escritura –“ñacañaca” (12)–, que se articulan como una especie de juego en que el lector cumple una función primordial. Así, temas esenciales para la literatura como la creencia en el autor único, lo legítimo, la creación, originalidad e imitación son puestos en jaque, desde la poesía, a través de la técnica del pastiche, del montaje y la parodia, entre otros. Pero estos temas, que se problematizan con relación a lo heredado y a la experimentación del lenguaje, sólo son perceptibles en la medida en que este lector tome consciencia de los mecanismos usados por el poeta para desautomatizar y descontrolar su recepción de la obra. Otono (sic) puede entenderse, pues, como un libro que actúa a través de los contrasentidos. El título es ya un signo que hace visible cómo el “error” puede hacerse motivo para desviar los sentidos. Así, es un libro que parte del “error” (de transcripción) para inducir al “error” (de interpretación).

La “puesta en libro”, por otra parte, está a cargo de Faride Mereb y su equipo de asistentes, correctores y diagramadores. La lectura de este aspecto del libro implica tomar en cuenta cómo el sello editorial se autodefine: “independiente”, “enfocado en el área de archivo”, “reivindicador del valor del libro como fenómeno/objeto”, “reivindicador de la investigación de la literatura venezolana”; y cómo este concepto se vincula con los materiales escogidos para la elaboración de Otono (sic) y descritos en la contraportada del libro. Estas especificaciones, desde un enfoque historicista, dialogan perfectamente con las funciones del libro y las maneras de ser percibido durante diferentes periodos históricos que van de la producción artesanal a la industrial: Edad Media, Renacimiento, finales del siglo XIX. La estandarización de la tecnología trajo consigo una revolución en el panorama de la literatura occidental, como bien señalaba Walter Benjamin y, más tarde, Raymond Williams. Esto es lo que hace el libro de Mereb en tanto objeto de arte: romper con el “uso común” del livre de poche (libro de bolsillo), retrotraer la mirada del lector, con el uso del color, de un tipo de hoja doble, de mezclas de texturas distintas, etc. hacia los procesos en los que el libro alcanzó su état civil, cuando comenzamos a hablar del libro moderno.

En “El libro de Suleiman/contradicho” la voz poética de Moreno Villamediana asegura con insistencia que “este libro no es un libro precioso”, que “este libro no relata”, “ni habla” (8). En una estrofa de este mismo poema se describe la extrañeza que despierta en Abu-Hobaysch y en el sabio Al-Sauah el pez que parece navío y emerge como masa extraordinaria en el mar situado entre la India y el Sind. Ese pez se dobla, se abre, contiene otros peces, rostros humanos, entre ellos el del propio autor. Este libro no es un libro precioso, es un artefacto precioso. La extrañeza de Abu-Hobaysch y Al-Sauah es la extrañeza del lector que no encuentra un lugar en lo común repartido para ubicar al pez y pescarlo.

Bibliohemerografía:

Benjamin, W. (2015) La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica, Caracas: El Estilete.

Bourdieu y Chartier. (2010) “La lectura: una práctica cultural”, en El sentido social del gusto, Buenos Aires: siglo XXI Editores.

Matin, H-J. (1992) “La imprenta”, en Williams, R. (comp.), Historia de la comunicación. Vol.2, Barcelona: Bosch.

Rancière, J. (2002) “La división de lo sensible. Estética y política”. En línea. Disponible en: https://www.erudit.org/fr/revues/etc/2002-n59-etc1120593/9703ac.pdf consultado el 23 de enero de 2017.


Luis Moreno Villamediana, Otono (sic), Caracas: Letra muerta, 2017. letramuertaed.com

Foto: Andrea Mora

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s