Hablemos de Dark

Por Santiago Zerpa—


Para empezar, dejemos algo claro: Dark (2017) no es Stranger Things (2016) en versión alemana, como muchas fuentes han intentado venderla. Hay niños desaparecidos, es cierto, pero si se parece a algo es más bien a lo que resultaría de un hijo entre David Lynch y David Fincher. Un hijo con ciertos dejos de los dos, incómodo y adictivo.

Algunas formalidades: serie original de Netflix, primera producción alemana, diez episodios de una hora cada uno. Basta de formalidades, hablemos de lo que importa. La gran mayoría de las escenas fueron filmadas en Fahrtechnikakademie Kallinchen, una antigua base militar a las afueras de Berlín. Es decir, que grabaron sobre muertes, sobre historia, sobre la decadencia real de Alemania. Co-creada por Baran bo Odar y Jantje Friese, dos nombres que quizás no le digan mucho a quien no sea alemán, pero que dentro del mundo germano tienen nombre y cierta trayectoria. Quizá si nos detenemos en su película The Silence (2010), dirigida por Odar y producida por Friese, podamos adelantarnos a lo que se venía con Dark. Porque The Silence, aparte de ser una gran película de género negro, fría e inhóspita, nos habla de un tema común que este par de señores tienen en la cabeza: la desaparición. La peli nos habla de una niña de trece años que desaparece en el mismo lugar donde otra fue asesinada veintitrés años antes. Niños que se desvanecen y crímenes conectados temporalmente, por ahí va la cosa.

Pero sigamos, porque si bien Dark es una serie sobre ese tema, es necesario detenernos en su título para comprender lo que se nos viene cuando comenzamos a verla. Sus diez episodios transcurren en una perpetua y obstinante oscuridad. Desde la negrura de un tupido y desolado bosque a cobertizos, hoteles, calles desiertas y una cueva, epítome del misterio y penumbra que se alza sobre ese pueblo casi fantasma donde viven sus protagonistas. Cuatro familias centrales que prácticamente han estado cautivas en ese poblado durante generaciones: los Kahnwald, los Nielsen, los Doppler y los Tiedemann. Cuatro familias rodeadas de un empobrecido halo de luz y que reflejan la decadencia moral de la sociedad en la que vivimos. Así que la serie es, desde su mismo nombre, pero también conceptualmente, oscura. Vemos horribles secretos, engaños, traiciones y muertes grotescas. Cientos de pájaros que caen muertos al suelo. Una sombra que ha arropado a la comunidad, como en las primeras películas de Fincher, y que pesa. Y ese peso está sobre sus protagonistas, obligándolos a cargarlo a todas partes y a toda hora.

Quizá ese pueblo sea uno de los elementos más atrayente de la serie. Porque Dark hereda de Lynch y de su Twin Peaks eso de quedarse atrapado en la atemporalidad de un poblado y dentro de los secretos de cada uno de sus habitantes. Porque sus personajes viven como flotando a dos centímetros del piso, casi en un eterno slow motion de desastres personales. Ahí, con la planta nuclear de fondo, la serie no sólo nos habla de asesinatos y desaparecidos, sino de una comunidad de individuos imperfectos, llenos de problemas íntimos, todos unidos entre sí de una forma u otra, tanto en el presente, el pasado y el futuro. Y no es fácil seguir en tres espacios temporales a diferentes generaciones de cuatro familias distintas, mucho menos si todo sucede en alemán. Pero la magia de la serie es que cautiva desde el inicio y obliga a prestar atención, a no desconectarnos. El espectador se esfuerza en seguir a la historia y a cada uno de los personajes.

Así, el misterio del primer episodio se resuelve en el tercero, pero abre a su vez un mayor número de interrogantes, y cuando termina la temporada quedamos con el sabor agridulce en la boca de haber entendido bastante, pero a la vez no entender lo que se viene. Porque los misterios principales están todo el tiempo transformándose, a la vez que un montón de pequeños enigmas hacen de las suyas a cada momento. Hay mucho de “¿Qué coño está pasando?” en Dark, es cierto, pero es delicioso. Saber exactamente qué sucede deja de ser importante y es preferible pillar quiénes son los que saben dentro de la trama, quiénes son los culpables, quiénes son partícipes, quiénes mienten. El pueblo adquiere un tono sobrenatural a medida que se crea una telaraña de intrigas en cada episodio (algo también muy Lyncheano, además) y se deja al espectador constantemente insatisfecho. Los niños desaparecidos pasan a un segundo plano.

La estética de la serie es sacada de una pesadilla. No al estilo de Tim Burton, sino de una forma bella y pulcramente cuidada. Es una pesadilla que juega más con la atemporalidad, con sentir que los personajes están en todas partes y en ninguna a la vez. A medida que conocemos el pueblo durante diferentes décadas nos damos cuenta de que todo sigue siendo igual, de que los niños crecieron para ocupar los mismos roles de sus padres, y que tuvieron a su vez nueva descendencia que seguirá sus pasos. En todo eso hay una belleza y una soledad que se resuelve en cada uno de sus planos. Y es terrorífico, porque nos mete de lleno en ese mundo y terminamos siendo otro fantasma más del pueblo, recorriendo esos lugares abandonados, reviviendo la historia una y otra vez. Y la música, oh, la bendita y angustiante música que interrumpe a los interminables silencios, esa música tenebrosa, desesperante, llamada “Doppler Effect”, que trata de la transición de una frecuencia alta a otra mucho más baja, y que logra sacarnos de quicio en los momentos más oportunos.

Dark deja de ser una serie sobre pájaros muertos, niños desaparecidos y el misterio que los une, y trata más bien sobre lo que acopla el pasado, el presente y el futuro, ese hilo tan fino que los mantiene unidos. Sobre el terrible destino y sobre cómo la vida puede cambiar de forma tan drástica o mantenerse inerte en un abrir y cerrar de ojos. Hoy estamos pero mañana no. Hoy estamos y mañana seguimos igual. La vida pasa, no olvida nunca, pero pasa. La vida está escrita en algún manual de instrucciones polvoriento que nadie quiso leer. Y ese mensaje desolador de la vida misma es lo que la hace tan difícil de seguir a la serie, pero tan adictiva a la misma vez. La pregunta de “Wo Wann ist Mikkel?” (¿Dónde Cuándo está Mikkel?) se aplica a nuestra propia existencia. Y, derrotados, le damos click al próximo episodio.


Dark, Netflix, Alemania, 2017, 10 capítulos. Trailer oficial

2 comentarios en “Hablemos de Dark

  1. La música Doppler effect, Santiago, ¿no te pareció por momentos un recurso… recursivo? Ya parecía la parodia del misterio que hace aquí en Argentina Diego Capusotto. Te agradezco la referencia a la peli de esta dupla creativa, The Silence, ya la veré Abrazo, R

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