¿Estamos listos para burlarnos de Malvinas?

Por Rodrigo Moral—


Probablemente Malvineitor (2017) quede en el submundo del cine under argentino y no llegue a ser conocida (ni reconocida) jamás, pero le vamos a deber siempre abrir un proceso de desolemnización de ciertos temas tabú. De hecho, el espíritu irreverente de esta producción hizo que la película saliese la más votada del Festival Buenos Aires Rojo Sangre 2017.

Por lo general, el género de una película nos dice más o menos qué esperar de ella. Tener el dato de que Malvineitor es una película de comedia bizarra —en el marco de género bélico y de acción— ya nos acota bastante la expectativa. No esperamos tener miedo, ni enamorarnos, sino divertirnos con la incongruencia, con la mezcla fatal de elementos, como en el laboratorio de un científico loco. Tal vez la pregunta más grande que abre una película de estas características es si ya estamos preparados para reírnos de ciertos temas. Hay un público que sí. Y ciertamente habrá otro sector de la sociedad que, con suerte, la tildará de insolente. Básicamente, la historia trata de un gobierno vitalicio de Mauricio Macri que, en el futuro “cercano”, debido a su caída de popularidad, se propone recuperar la soberanía de las Islas Malvinas. Será Malvineitor quien llevará adelante tan dura misión. La cuestión es que el héroe, ya en las islas, tendrá que luchar contra un monstruo mutante inglés llamado Margaret 2.0  —por supuesto, son los británicos los que tienen la supremacía en ciencia y tecnología—.

Tal vez el único pecado del filme haya sido el tratamiento de las subtramas, que si bien son necesarias para dar profundidad a una película, pueden volverla confusa. Sólo mencionaré dos: una es la del ritual: debe satisfacerse la furia de Margaret 2.0 con el sacrificio de vírgenes no humanas, lo que llevará a una historia de cautiverio y otra de amor. Y otra es la de las tribus aborígenes que han despertado después del último deshielo (ha ocurrido una de estas proezas naturales en tan pocos años), que a pesar de ser temibles, le regalan una revelación a Malvineitor (y no sabiendo dónde poner la pica con los chilenos, allá va, como una especie de Mago de Oz, al centro de los nativos). Puede que en el afán de tratar todos los temas de la historia reciente (la dictadura, los desaparecidos, la identidad y, desde ya, la guerra y otros pleitos internacionales) y los que en la actualidad argentina están en pleno auge (el feminismo, los recursos naturales y hasta referencias al caso de Santiago Maldonado) y queriendo además mofarse de ellos para quitarles solemnidad, el guion se oscurezca.  No es pedirle prudencia —no habría sido Malvineitor—, pero con otro montaje podría ser una película más certera: pienso en cada uno de los gags de La pistola desnuda (1988).

Malvineitor es de esas películas en las que uno no sabe qué hacer con la expresión de su cara: unas veces porque los gags no resultan y otras porque son simplemente malos, porque les faltan ritmo o son pueriles al extremo. Sin embargo, una película bizarra e independiente cuenta con la ventaja de que en ese desorden esmerado las cosas fallen y pasen, incluso, como un detalle simpático, aunque no logrado. Guiños hay por decenas; sólo por mencionar uno: la puerta secreta en medio de la selva, prestada de la serie Lost (2004). También hay tributos, como la lucha entre personajes que aumentan su tamaño, prestado de los Power Rangers (1993). Están en la educación sentimental de los realizadores y los festejamos porque representan a nuestra generación.

El filme tiene también sus momentos sublimes. Por ejemplo, cuando Malvineitor consigue la amistad de un soldado inglés y para mancomunarse debe explicarle qué cosa es un argentino. O cuando emerge la súper arma para combatir a Margaret 2.0, con un reconocidísimo himno popular argentino como fondo. Al parecer, una de las más grandes reglas de etiqueta en la actualidad es no “espoilear” y si hacerlo es grave, eso quiere decir que la película tiene un par de giros argumentales muy interesantes. Éste es el caso.

Sobre su dimensión histórica

Esta película de comedia bizarra es una épica del esfuerzo colectivo independiente, a la que le cabe decir todo lo que jamás dirían otras producciones apoyadas por cualquier institución, dentro de la red tradicional e histórica de subvenciones estatales y privadas. Malvineitor, así, no podría ser otra película. Es una cinta incómoda desde todos lados. Es atrevida, de buena factura, con un guion sobrecargado (podía haber sido producido como  una serie web) y con sus grandes momentos. Una película que tira toda la carne al asador porque había mucho por decir, mucha historia de la cual reírse.

En definitiva, Malvineitor, desafiando la mitología sobre la que se ha construido la Argentina durante los últimos 40 años, es un reflejo de nosotros mismos y más específicamente de una juventud ávida de nuevos discursos en los que reconocerse.


Malvineitor, Pablo Marini, Argentina, 2017, 100′. Trailer oficial

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