El universo sobre el papel. Sobre Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas

Ricardo Montiel


Bañado por la ola de lava de los días de verano, empiezo preguntándome si en el intento por reseñar Mac y su contratiempo (2017), nuevo libro de Enrique Vila-Matas, acaso no termine yo también seducido –como el desempleado Mac, protagonista de la novela– por el “oscuro parásito de la repetición que se oculta en el centro de toda creación literaria”, y pretenda ensayar aquí el estilo babélico del escritor barcelonés e incluso trate de modificarlo.  Pero, ¿es Vila-Matas ese artista de vanguardia del siglo XX el cual se refiere César Aira en La nueva escritura (1998), aquél que no ha hecho obras sino que ha inventado un procedimiento para que las obras se hagan solas o no se hagan? ¿Es Vila-Matas un creador no de novelas sino de artefactos cuyo procedimiento de ensamblaje es perfectamente legible y por lo tanto riesgosamente calcable? Obraré con precaución.

Con estilo babélico, aludo al más amplio sentido borgeano. Y es que en Mac y su contratiempo, Vila-Matas confirma lo que ya venía desarrollando en entregas anteriores: un universo compuesto de un número indefinido, y tal vez infinito, de citas literarias engendrando fugas por donde corre una trama zigzagueante, atravesada de vez en cuando por los más repentinos sucesos callejeros. Universo que, como apunta Paul Valéry en Monsieur Teste (1926), “sólo existe sobre el papel”, y ese papel es un cuaderno-diario en el que el personaje en cuestión –un oficinista jorobado rastreador de bartlebys en la literatura (Bartleby y compañía, 2000), un conferencista varado en un hotel que elabora apuntes para una teoría general de la novela (Perder teorías, 2003), por mencionar algunos– inicia una narración que a medida que va profundizando se hace más omnívora en su recorrido, atrayendo los denominados “géneros” literarios hacía un núcleo donde son puestos en tensión; tensión incómoda, escribe Mac, “tensión que debería acabarse ya”.

Bajo esta sentencia frontalmente disolutiva, el desempleado y sexagenario Mac, experimentado lector y principiante en la escritura, se propone releer y reescribir Walter y su contratiempo, novela de Ánder Sánchez, vecino en el barrio imaginario del Coyote y escritor barcelonés que ahora se lamenta de ese libro de “primera época”, cuando por joven desaprovechó su talento. Y así Mac, secundado por los ingresos del taller de restauración de muebles de Carmen, su mujer, y seducido por una gran ilusión de falsificar, repetir, modificar, desmenuza los diez relatos del libro original precedidos cada uno por citas de autores cuyos estilos Sánchez imita: Barnes, Hemingway, Malamud, Schwob, Poe, Cheever, entre otros. Operación que va entretejiéndose con sus derivas por las calles del Coyote donde triunfan esos sucesos repentinos, aparentemente triviales, que ya son marca de la casa vila-matiana; asuntos que permitan que “el diario se trague esa novela que acecha ahí contumaz, en la oscura selva que imagino a veces enfrente de casa”, anota Mac.

¿Imitación de una imitación? ¿La reescritura como método para hallar nuevos caminos? “Venimos al mundo para repetir lo que quienes nos antecedieron también repitieron”, primera frase de un párrafo que puede leerse como manifiesto, uno de los tantos que Mac introduce en el libro a propósito de las repeticiones, porque, afirma el escritor de espíritu principiante, “es con ellas con las que se ha construido la literatura, que para mí es una forma de mantener la llama de lo dicho de viva voz junto al fuego en la noche de los tiempos: una forma de convertir una imposibilidad de acceder a algo perdido en una posibilidad de al menos reconstruirlo, aun sabiendo que no existe, que sólo está a nuestro alcance una falsificación”.

Reconstrucción de lo perdido a través del cuaderno-diario, formato al que “le van perfecto los pensamientos, sueños, ficciones, breves ensayos, miedos, sospechas, confesiones, aforismos, glosas de lectura”, escribe Mac, y del que Vila-Matas, en sus últimas entregas, se ha servido para buscar de manera obsesiva esas “otras formas literarias” donde quepa el universo al que se refiere Valéry. Una literatura liberada de la bóveda genérica. De límites expandidos hacia lo incierto. Esmerada en aplazar lo definitivo.


Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo, Seix Barral, 2017, 304 páginas.

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