“Últimos 55 min de la mañana”, de Juan Rearte

Por Rodrigo Moral—


En su libro Últimos 55 min de la mañana (Flora y Fauno ediciones, 2008), Juan Rearte nos propone una poesía disonante. La voz que elije para expresar es una voz rota, rota a propósito, rota para llamar la atención y detenernos ―detener nuestra humanidad― a cada verso.

Comenzamos a leer el libro y nos encontramos con una lectura ardua, de bordes inescrutables. Si hay amor, si hay bajada de línea política, si hay crítica social, si hay un paseante en Alemania, sea lo que sea que haya, penetrar en el sentido es jugar en la oscuridad, una poesía símbolo que utiliza la unidad como máscara de las partes.

La poesía de Últimos 55 min no está en lo sublime, sino en la naturaleza grotesca de su obra. Su imaginario se halla entre la eternidad y lo efímero, entre el abismo y el salto, entre el sueño y la vigilia, entre el día y la noche, entre la inmovilidad y el movimiento. El ser se revuelve entre los paréntesis de la dicotomía para no hallar certidumbres, y he aquí la clave de la poesía de Rearte: el hombre al que le habla y desde el que habla no tiene certezas, es un hombre a la deriva. ¿Qué se dice cuando no hay forma de decir nada? La búsqueda de una forma que sea contenido. El método del autor es aquí el trabajo sobre el fragmento. Un yo perdido en busca de una realidad que no se deja asir. Un yo que reconoce admirado el mundo pero no llega a unir sus elementos. En una hermenéutica del colapso, la poesía es desasosiego.

Para lograrlo, el autor utiliza un lenguaje sin referentes, polifonías, series cargadas de semanticidad, transgresión constante de la gramática y de la cohesión, elipsis y golpes de sentido.

Podemos ver que el trabajo de Rearte es el trabajo del académico y ensayista que se sumerge en la poesía, como demostrando que solo un extranjero puede realizar trabajos nuevos con la lengua.

Últimos 55 min no se disfruta porque nos pone frente al instrumento que nos hace humanos y lo desnuda. El castigo de Prometeo fue vivir en el desgarramiento. La tapa anticipa esa incomodidad del vértigo. El título, lo mismo. Estamos hablando de un no lugar en un no tiempo. Una fuga constante del tiempo, el espacio y el sentido. En lo último algo está llegando a su fin, aunque reste menos de una hora.


Juan Rearte, Últimos 55 min de la mañana, Flora y Fauno ediciones, 2008.

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