Salir de la morada habitual, escoger

Por Ricardo Montiel—


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Nele Wohlatz, directora alemana radicada en Argentina desde 2009, se propone filmar el primer año de experiencia de una extranjera en Buenos Aires. Wohlatz da clases de su idioma materno en el CUI (Centro Universitario de Idiomas), y se le ocurre visitar los cursos de español. En una obra de teatro que presentaban los estudiantes chinos, la cineasta ve por primera vez a Xiaobin Zhang, una joven de 17 años que lleva tres meses viviendo en la ciudad. “Toda su concentración estaba en el habla, su cuerpo sólo hizo gestos mínimos. Su texto era ficticio, pero su habla era real, testimonio del conflicto que le producía su nueva ciudadanía, su nuevo lenguaje y el nuevo contexto”, observaría Wohlatz que, luego de entrevistarse con los actores que mascullaban diálogos en español, es la presencia ante la cámara, la avidez de independencia y la historia particular lo que la hace decantarse por Beatriz, nombre occidental con que a Xiaobin la “bautizaron” en el curso.

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Mucho antes de ser primero Beatriz (alguien luego sugerirá Sabrina), los padres de Xiaobin viajan sin ella a Buenos Aires en busca del progreso económico. Años más tarde, cuando la dejada tiene 17, le pagan un pasaje aéreo para reunirse con ellos y con dos hermanos desconocidos que nacieron en el sur. “Es una práctica común en China, pero Xiaobin cuando llegó estaba muy enfadada con sus padres”, revelaría Wohlatz. “Después de la larga separación, y con ella prácticamente adulta, sus padres querían que asimilara el estilo de vida de ellos. Es decir, vivir aislados de la nueva sociedad, y agarrarse de lo familiar que pudieron rescatar tras la migración. Las clases de español les parecían un gasto innecesario y, en su opinión, Xiaobin ya estaba en edad para casarse, y el único novio posible vendría de su provincia”.

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Wohlatz le propone a Xiaobin hacer la película en el precario español que se habla en el curso. Directora alemana y actriz china comienzan a acercarse. La pérdida del uso del idioma materno las identifica. Escriben el guión a cuatro manos. Inician un proceso que irá de Heidegger a Edmond Jabès.

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Heidegger: “El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre”.

Edmond Jabès: “La identidad es, a fin de cuentas, lo que uno escoge ser”.

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En El futuro perfecto, vemos a Xiaobin recrear sus primeros pasos en que no solo es extranjera en la ciudad, sino también en el cerrado universo que le impone su familia. Su madre le exige que trabaje en la lavandería (a la vez domicilio), o que colabore con el hogar aportando de los ingresos que recibe por atender la fiambrería donde, entre otras cosas, aprende a decir las primeras palabras: “jamón, matambre, queso”; y que no se desapegue de sus tradiciones, del mandarín, del refugio insular que con esfuerzo han construido en su ausencia. Ante el asedio, la hija se rebela. Xiaobin esconde parte del dinero semanal que gana en el supermercado (la madre amenaza con cobrarle el pasaje aéreo). Comienza las clases de español en el CUI y un noviazgo secreto con Vijay, un programador indio cliente de la fiambrería.

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“Para manejarnos en un idioma extranjero, lo tenemos que actuar”, dice la cineasta. “Puede llevar semanas o meses hasta que un actor se apropia de su nuevo texto y aún más hasta que una inmigrante se convence del nuevo rol que viene con su nuevo lenguaje. Esto me pasó a mí después de que me mudé de Alemania a Argentina en 2009. Pensaba que nunca iba a ser parte de la multitud que forma esta sociedad, igual a Xiaobin, que una vez me dijo: Cuando estoy esperando en la parada del colectivo quiero parecerme a todos los demás. Cuando tenga dinero, voy a operarme los ojos y los cachetes”.

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En un hábil manejo entre las escenas en el curso y de la vida de Xiaobin, la directora construye un relato donde el español aprendido es ensayado en la vida cotidiana. Cuando practica con sus compañeros “cómo arreglar citas”, la protagonista va al cine con Vijay; y, cuando llega el momento de practicar el uso del condicional, imagina futuros en su nuevo contexto. Es aquí que el lenguaje se revela como la herramienta que permite salir de la morada habitual y escoger. Xiaobin, a través de su nuevo vocabulario, se narra y protagoniza a sí misma en sus proyecciones desde el presente. Comienza a adentrarse en su “nuevo rol” y lo enfrenta sin miedos. De alguna forma, va deslizándose hacia el humor infinito. “Fue un proceso gracioso y traumático al mismo tiempo. Creo que con Xiaobin compartimos la necesidad de reírnos de nuestros atropellos lingüísticos. Porque al llevarlos al cine, al construir algo bello, gracioso o conmovedor, les dimos un sentido. Lo que hasta ese entonces era una falla, ser extranjera, hablar mal, empezó a ser una herramienta, quizás incluso una ventaja”, recordaría Wohlatz.


El futuro perfecto, Nele Wohlatz, Argentina, 2016. 65´. Premio Mejor Ópera Prima y Mención especial Jurado de la Juventud 2016 en el Festival de Locarno. Premio de la crítica 2017 en el Festival de cine de Barcelona D´A. Trailer oficial

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