Dios ha muerto: Nietzsche, el primer posmoderno

Por Marcos Represas—


La entrada espectacular del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) y su Dioshamuerto, nada tiene que ver con el ateísmo. De hecho, nada tiene que ver con la religión. Es una sentencia filosófica/literaria que utilizó (quizás la más provocativa sentencia) para explicar que las verdades absolutas han muerto.

La frase más conocida de Nietzsche acontece en su novela filosófica, Así habló Zaratustra (1883). Es tan preponderante que se enuncia en el segundo capítulo del texto, donde Zaratustra dialoga con un anciano asceta: excelente imagen que representa y ejemplifica precisamente con lo que Nietzsche se va a pelear no solo en este texto sino en casi todos sus textos. Y aunque en Así habló Zaratustra veremos dos ideas muy fuertes que son Dioshamuerto y el superhombre, aquí nos circunscribiremos a la primera.

Obviamente, Nietzsche utiliza la idea de que Dios es el Ser absoluto pero también el Ser que emana la(s) verdad(es) absoluta(s). Nietzsche ha ido a la pregunta última de la hermenéutica (la pregunta por la verdad) y ha dicho ¿qué o quién es la verdad absoluta? Y, ahí, ha hecho implotar el lenguaje. En este sentido, por ejemplo, podemos entender por qué Nietzsche sentenció “no hay hechos sino interpretaciones”.

Esto abrió una perspectiva completa y absolutamente nueva en el pensamiento occidental. Hasta Nietzsche, la filosofía se preguntaba Quéeslaverdad, pero Nietzsche se hizo una pregunta que deconstruyó todo lo que creíamos hasta el momento. Su pregunta básicamente fue: ¿Cuál-ha-sido-el-camino-que-hemos-recorrido-para-decir-lo-que-es-verdad? La historia de la filosofía ha sido caracterizada por la búsqueda de lograr certezas, pero Nietzsche desestabilizó toda la (estructura de la) filosofía.

Introdujo a la filosofía en lo artístico y poético, en la incertidumbre y la revisión genealógica de las certezas que teníamos. Todo esto abrió una etapa ulterior de la Modernidad, la que fue llamada Posmodernidad.

La muertedeDios dio muerte de la verdad absoluta, de los grandes relatos y la centralidad de los discursos académicos. Nos mostró que podemos ver la periferia de la historia, y que no era una línea continua de hechos/discursos sino una trama emergente, un espacio de confluencia de acontecimientos y múltiples posibilidades, produciendo yuxtaposiciones, superposiciones, hibridación y mixturas producidas por el poder.


Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Ediciones Libertador, 2009, 288 páginas.

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