Sobre “Diarios 1988-1989: La insubordinación de los márgenes”, de Victoria de Stefano

Por Fabián Coelho—


Es de notar el creciente interés editorial por diarios, memorias y autobiografías ficcionalizadas (escrituras del yo, en suma) durante los últimos años; tendencia continental, con Ricardo Piglia y su trilogía de diarios de Emilio Renzi, y mundial (pensemos en Paul Auster o Karl Ove Knausgård), reivindicada y reformulada en Venezuela en tiempos recientes por autores como Armando Rojas Guardia, Alejandro Oliveros y, especialmente, Rafael Castillo Zapata.

En esta corriente podríamos inscribir la obra literaria de Victoria de Stefano (ensayista y novelista; finalista del Premio Rómulo Gallegos, 1999; Premio de la Crítica a la Novela, 2010), a la que ahora podemos sumar la pertinente publicación de Diarios 1988-1989. La insubordinación de los márgenes.

Este volumen, del cual ya habíamos tenido noticias en La refiguración del viaje (2005), compilación de ensayos curada por Arnaldo E. Valero y publicada por el Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, abarca un periodo que resultará decisivo tanto para la historia contemporánea del país como para el proyecto literario de De Stefano: los años de 1988 y 1989, años de resquebrajamiento de viejos modelos y surgimiento de nuevos signos en el horizonte; años atravesados por el retorno de Carlos Andrés Pérez al poder, la intervención del FMI, el estallido social en Caracas y la convenida ruptura del pacto social; años, en fin, en que una corriente subterránea de la historia nacional venezolana (desde Ezequiel Zamora, digamos) comienza emerger y desbordarse: un supuesto legítimo derecho al resentimiento.

Así, el título elegido, La insubordinación de los márgenes, revela una doble resonancia: por un lado, política, con la irrupción en la escena pública de discursos hasta entonces periféricos en la historia moderna venezolana, y, por otro, literaria, con una escritura del yo que se rebela desde el margen y que inicia su avance, cauto y definitivo, hacia el centro de la página. La entrada del 10 de marzo de 1989 insinúa ya esta transición:

Recordé todas las veces que sentí deseos de escribir sobre todo lo que me iba viniendo a la mente mientras escribía, en el margen derecho de la página. Sí, escribir en una columna al margen del texto, como una manera de reproducir y legitimar el proceso “auténtico” de composición. En una columna, la ficción, bajo forma de relato, bien sea débil o fuerte, y, en la otra, las reflexiones, las asociaciones extemporáneas, sin exceptuar las correcciones y las enmiendas, relacionadas con el texto a medida que este iba creciendo

(2016: 49).

De este modo, los diarios de De Stefano, que nacen como una respuesta a circunstancias y búsquedas personales muy específicas, y que en su momento fueron tomados por la propia autora como un ejercicio personal de notación cotidiana o, en el fondo, de investigación de una forma de ver, de narrar, de posicionarse y de entender la escritura («[e]staba tratando de profundizar ese deseo de buscar una voz más personal», reconoce en una entrevista (2002: 111), resultaron el laboratorio donde se prefiguraría la obra por venir.

En los diarios podemos apreciar cómo van cuajando algunos de los rasgos característicos de la literatura de De Stefano: la naturaleza fragmentaria y autorreferencial de su prosa; su introspección; la profusión de reflexiones, recuerdos y anécdotas; el abundante repertorio de referencias literarias, filosóficas, artísticas, fílmicas y musicales; una voz que hilvana con delicada melancolía desde la memoria de las lecturas, los afectos y las andanzas; una mirada ávida, aguda, que todo lo registra y penetra; y un lugar, el lugar del escritor, su espacio íntimo (la casa, el escritorio, los libros, la ventana), sede de un Aleph (digo, traicionando a Borges) muy personal que, desde los diarios, se desplegará en múltiples direcciones.

Encontramos en ellos constantes referencias a la novela en curso (Cabo de vida, publicada en 1993): el hallazgo del título, las vacilaciones, enmiendas y adiciones; conversaciones con los amigos (Juan Sánchez Peláez, Eugenio Montejo, Salvador Garmendia, Isaac Chocrón); reflexiones sobre el acto de la escritura, la naturaleza del diario y la lectura de sus más emblemáticos cultores (Musil, Kafka, Pushkin, Gidé, Woolf, Mansfield, Pavesse, Gombrowicz, Pessoa, Delacroix, Blanco Fombona, Pocaterra); quejas sobre las dificultades para publicar, las humillaciones sufridas, las dudas; consideraciones acerca de la vida, el amor, la sexualidad, la libertad, el poder y el papel del intelectual. Y está también la actualidad política: el horror de Sendero Luminoso en el Perú, el derrocamiento de la dictadura paraguaya, la matanza de la plaza de Tiananmen, la caída del muro de Berlín, los estertores de la Guerra Fría, la ejecución en Rumanía de Ceaucescu, la invasión de EE.UU. a Panamá, las elecciones en Chile, y, por supuesto, el Caracazo, la perplejidad y el estupor de aquellos días:

Nadie entiende lo que está pasando, los jóvenes menos que nadie, no saben lo que significa suspensión de garantías y mucho menos toque de queda. Se lo toman a la ligera, pero a todos nos deja la sensación de algo siniestro, algo que nos desborda, que estaba ahí y no veíamos

(2016: 39).

Dice Juan José Saer que los verdaderos textos literarios son siempre el resultado de la combinación (implanificable, por demás) entre proyecto y enigma. «El proyecto  es la sonda que se manda con la esperanza de que lo oscuro se entreabra, dejando filtrar algo de sí mismo hacia una zona más luminosa» (2015: 187). Los diarios de Victoria de Stefano, en este sentido, vendrían a ser la materialización de esa sonda que indaga en las profundidades para averiguar (o intentar comprender) el sentido de esos caminos que se adivinan en lo oscuro y que fluirán (esto ahora lo sabemos) hacia Historias de la marcha a pie (1997), Lluvia (2002), Paleografías (2010).

Así, estos diarios (que podrían tener como corolario la afirmación de que escribir es, también, al mismo tiempo y entre muchas otras cosas, investigar) suponen una valiosa ventana para asomarnos a los procesos y materiales que formaron parte de la génesis de uno de los proyectos literarios más sólidos del presente local. Y constituyen, además, a la luz de los acontecimientos y ante la evidencia de la deriva del país y del mundo en los últimos tiempos, una nueva posibilidad de volver a mirar aquellos años que (también ahora lo sabemos) cambiaron todo.

 

Referencias

De Stefano, Victoria (2002, enero-abril). «En busca de una voz interior» (entrevista). Actual Investigación (Mérida). 49(34): 111-115.

Saer, Juan José (2015). Ensayos. Borradores inéditos 4. Buenos Aires: Seix Barral.


Victoria de Stefano, Diarios 1988-1989: La insubordinación de los márgenes, El Estilete, 2016, 102 páginas.

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